Rocío Molina: “Tenía la necesidad de desparecer como artista, la pandemia fue un alivio”

La coreógrafa y bailaora Rocío Molina (Málaga, 1984) estrena hoy en Catalunya, dentro del festival Temporada Alta, la segunda entrega de su Trilogía de la guitarra, Al fondo riela (lo otro de uno). La artista malagueña, Premio Nacional 2010, a quien la pandemia del coronavirus ha pillado en plena crisis artística, se propone volver a la esencia y recuperar el acto creativo del flamenco puro, desnudo de artificios. Junto a dos guitarras muy distintas, la más trágica y mental de Eduardo Trasierra y la ingenua y espontánea de Yerai Cortés, la bailaora virtuosa y vanguardista aborda la incertidumbre y el desasosiego en un escenario rodeado de un negro luminoso.

¿Qué ha supuesto la pandemia en tu estado de ánimo creativo?

Antes estábamos todo el día de gira y ahora estamos trabajando en intentar organizarnos para ver cómo vamos a trabajar. Se echa mucho de menos el cuerpo, el poder compartir con la gente, poder tener la experiencia. Ahora todo parte más de un trabajo de mesa, a distancia, es una cosa mental.

¿Qué te ha movido a crear Al fondo riela?

No tener impulso ninguno ha sido lo que me ha movido. Estar en un estado de no querer exponerme. Casi he intentado desaparecer como bailaora y artista, pero esto te lleva a entender muchas otras cosas. La primera parte de la trilogía mostraba un lado totalmente fresco e ingenuo y esta segunda es un lado más oscuro y tenebroso, como encontrarte con tus propios fantasmas.

El ‘milagro’

Yo quería parar y dejar de ser productiva, pero el sistema no te lo permite. Pero cuando te obliga el gobierno, eso de una forma romántica y clasista es un alivio”

¿Por qué querías desaparecer?

Era una necesidad de desaparecer a donde no existiera el espectáculo, las formas, la intención, el concepto, la escenografía. Adormecer el ego. Cuando te metes ahí te das cuenta de que tienes que contrastarlo con un gran ego, con una gran soberbia. La pandemia fue un alivio: te obligaban a parar y a dejar de ser productiva. Y eso era algo que yo estaba intentado y que no había manera porque el sistema no te lo permitía. Pero cuando te obliga el gobierno a que pares, eso de una forma romántica y clasista es un alivio. Muy utópico, sí. Quería frenar la rueda y dedicar la vida a la crianza y la contemplación [de fondo se oye a su niñas de un añito], pero era imposible. Hasta que pasa un milagro.

¿Qué has descubierto en este parón voluntario/forzoso?

Lo que sea que intento descubrir es siempre a través del movimiento porque no sé descubrirlo de otra forma, necesito que pase por el cuerpo para entender lo que me pasa. Aunque el estudio ha sido también como un castigo, porque cuando no quieres ser productiva no quieres exponerte al vértigo de una producción, y aún así es la única manera de entender qué esta pasando.

Una experiencia nueva

He pasado una crisis artística muy grande. Y luego me he permitido transitar eso pensando que no hay nada, que se trata del vacío, del no entusiasmo, del no impulso”

Y ¿qué está pasando?

Ojalá lo supiéramos, no lo sabemos ni lo vamos a saber en al vida, que es lo triste. Pero en mí descubro un poco lo que se iba intuyendo en el proyecto de la guitarra, que vas pasando unos ciclos. He pasado una crisis muy grande artística, que nunca me había sucedido. De querer desaparecer. Luego permitirme transitar eso pensando que no hay nada, que se trata del vacío, del no entusiasmo, del no impulso, de la no creatividad, de la no productividad y de saber que tienes que transitar ahí, con todos tus miedos, con todo tu ego, toda la parte que menos nos gusta visitar de nosotros ismos. Y luego tiene que venir un éxtasis, tiene que llegar la luz o el color de alguna forma. He intentado encontrar el brillo dentro de la oscuridad y ahora afortunadamente se asoma el color.

¿Por qué la guitarra?

Siempre he tenido una debilidad, desde pequeña me he bebido todos los discos de guitarra, soy una apasionada, admiro tanto el instrumento y la guitarra flamenca, con tantísimas posibilidades. Y ahora es muy necesario darla a conocer una vez ha pasado la muerte de Paco de Lucía.

La guitarra

Es necesario dar a conocer la guitarra una vez ha pasado la muerte de Paco de Lucía. Los guitarristas tienen esa referencia tan cercana que no se atreven a dar el paso”

¿Había que esperar?

Los guitarristas tienen esa referencia tan cercana que no se atreven a dar el paso, y hay guitarras interesantísimas que se merecen que se muestre todo lo que son capaces de hacer.

¿Fue por eso que decidiste iniciar ese proyecto de trilogía?

En principio iba a ser un único proyecto, pero te das cuenta de la amplitud de cada intérprete, las herramientas del flamenco, los palos, las tesituras… De manera que o hacía una obra de cuatro horas o hacía una trilogía. Y el cante es una matriz importante, la trilogía ha de terminar con el trío sublime de guitarra cante y baile, sin ningún tipo de adorno. Pero en esta segunda parte hay dos guitarras muy diferentes, Eduardo Trasierra, con un universo infinito, un conocimiento armónico inagotable, una guitarra más mental, y luego te encuentras con Cortés, un guitarrista de intención, rítmico y juguetón. Y son casi de la misma edad y mira qué gran variación de intérpretes y de composición…

Rocío Molina en 'Al fondo riela', la segunda parte de  su Trilogía de la guitarra, en la que la acompañan dos guitarristas muy distintos como son Eduardo Trasierra y Yerai Cortés
Rocío Molina en ‘Al fondo riela’, la segunda parte de su Trilogía de la guitarra, en la que la acompañan dos guitarristas muy distintos como son Eduardo Trasierra y Yerai Cortés (Simone Fratini)

¿Con qué elementos escénicos cuentas?

Esa trilogía iba a ser de solos de baile. Para evitar el concepto había que dejarlo todo translucido, que el baile baile lo que suene. Es tan básico como eso pero a la vez tan difícil. Porque es muy fácil refugiarte en revestimientos, artilugios… Con la desnudez cuesta un poco. No hay gol en esta obra, no rompe, no llega. Tengo estas dos guitarras e intento desnudar mucho la escena. Hemos trabajado sobre el reflejo, sobre una imagen de bailar sobre un lago negro, que sean las texturas y el brillo lo que produce un reflejo real de una realidad o no. Es como si fuese un viaje de vuelta. Requiere de un caminar desde la primera parte de la Trilogía hasta esta segunda más tenebrosa, seductora, mental, oscura, una parte que conoce el miedo.

La pandemia

Desde mi experiencia no me da miedo, pero me da miedo no saber qué es lo que están haciendo. La incertidumbre. Al final son vidas de personas”

¿Te da miedo la pandemia?

Desde mi experiencia no, habrá quien ha tenido experiencias terribles de secuelas o fallecimientos sin poder despedirse. Pero me da miedo no saber qué es lo que están haciendo. No saber , la incertidumbre. Al final son vidas de personas.

¿ Qué papel juega la improvisación para expresar eso?

Hay un nivel de improvisación, sí. Escénicamente tenemos unos pies, pero Yerai es una guitarra que tienes que asumir, no puedes montar nada con ella, sencillamente hemos creado códigos nuevos, que no son los de siempre del flamenco, sino otros, para poder jugar y movernos por ahí. Y al final es muy complejo, codificado, pero libre, te permite escuchar el día, el momento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *