Rozalén: "Estoy aprendiendo a no gustar a todo el mundo"

La cantante manchega se confiesa en esta conversación acerca de su sobreexposición durante el confinamiento, la crispación actual y el bajón personal que inspiró su…

El título de dos canciones del álbum -‘El día que yo me muera’ y ‘El paso del tiempo’- dan a entender que le preocupa la muerte. Sin embargo, detrás hay un mensaje vitalista y un ritmo alegre.
He pensado mucho en la muerte este año. Está muy presente, no solo por la pandemia. Mi abuela ha sufrido un bajón del copón, porque no la ve un médico desde febrero. El bicho no sólo se está llevando a gente por el virus sino porque al resto de enfermos no les pueden atender. Se ha muerto gente muy importante, yo lo sentí mucho con Aute y Pau Donés. También he tenido gente muy cercana que ha perdido seres queridos por el Covid. No tener un luto es muy traumático. O morir solo. Son cosas muy duras. En realidad reflexiono sobre la muerte desde hace tiempo, pienso mucho en mi funeral. Si no hablamos de estos tabúes, luego el golpe es triple. De ahí surgen estas canciones: para celebrar el paso del tiempo.
¿Cómo es eso?
Tengo amigas que se acercan a los 40 y 50 y muchas se están pinchando bótox. Las mujeres cargamos con una presión enorme por cumplir con el canon de belleza de la eterna juventud. Quiero celebrar que tengo arrugas y canas, que se me cae el pecho. Eso significa que he vivido cosas, que soy más sabia. Si tengo esta arruga aquí (señala un lado de su cara, junto a la boca) es porque he sonreído mucho. A mí me gusta cumplir años, no conozco ninguna canción que hable de eso: una oda al paso del tiempo, dirigida en especial a las mujeres.
Hay un poso existencialista en este disco. Dice en ‘Y busqué’: «No hallé el sentido a los días (…) la respuesta estaba dentro de mí».
Surgió cuando subía a un templo en México. Nos tocó un guía muy inspirador: comparaba el ascenso con la vida, según vas superando peldaños, curvas y el peso de la altura. Me encanta la montaña, ese esfuerzo por llegar a la cima. Me acordé de cuando llegué a Madrid muy jovencita, con 24 años. Me sentía sola en la ciudad más poblada de España. Había dejado a mi primer novio, no conocía a nadie, estaba sin trabajo. Me dije: ‘Sal a la calle a que te pasen cosas’.
«Cuanto más me mandes callar, más ganas tendré de hablar», canta en ‘Loba’. ¿Quién la manda callar?
Me mandan callar mucho. Esta misma mañana en Twitter, sólo porque he compartido la noticia de que en Chile han votado a favor de cambiar la Constitución. Supongo que esa gente que te manda callar en redes sociales luego te ve por la calle y baja la cabeza. No recuerdo nadie que se me haya acercado y me haya dicho: ‘Cállate la boca’. He nacido en un país donde tengo la libertad que no tuvieron otras mujeres de mi casa, tengo el derecho a opinar. No me cortes las alas. Esta canción está dirigida contra cualquier opresor. Habla de que la violencia nunca es el camino. La palabra, las canciones y el arte son armas más poderosas que una pistola.
P.- En esta conversación ha repetido mucho la idea de que a veces se siente atacada.
No, qué va, yo me siento muy querida. Sé que hay ciertos temas que no gustan a todos, pero estoy aprendiendo a aceptar eso: no puedes gustar a todo el mundo. Creo que me apoyan más que me atacan. ¿Sabe lo que más me emociona? La gente que no piensa como yo pero me respeta mucho. Tengo miedo al titular conflictivo y creo que en esta entrevista se lo he puesto a huevo. La gente ya sólo lee el titular y todo lo demás pasa desapercibido. Creo que los medios se han portado bastante bien conmigo, pero no sé cuánto tiempo hace que no comparto un artículo por eso mismo.
Una última pregunta: ¿cuál es su sueño ahora mismo?
Que haya una vacuna. Significaría que muchas cosas volverían o se acercarían a la normalidad. Es lo que más deseo, lo que más me importa: que avance la investigación y surja un antídoto que nos haga mirar el futuro con un poquito más de esperanza.

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