Sandro Veronesi analiza la huella que dejan los amores del pasado

El colibrí es la única ave capaz de volar hacia atrás. Lo hace justo cuando se retira de una flor de la que ha libado el néctar. Y le sirve a a Veronesi, esa metáfora, para explicar muchas cosas y titular un libro con el que se ha llevado el premio Strega 2020, el máximo galardón literario de Italia.

En El colibrí (Anagrama/Edicions del Periscopi, en catalán) Sandro Veronesi (Florencia, 1959) nos descubre la historia de Marco Carrera, un oftalmólogo que un día recibe la llamada del psicoanalista de su esposa. “Está hecho de cosas que no tengo yo, él juega muy bien al tenis”.

Éste le cuenta (saltándose el secreto profesional y para evitar un desastre peor) que la esposa ya sabe el secreto: Marco sigue carteándose con un amor de juventud, desde hace décadas. La mujer con la que, año tras año, coincidía -cada cual con su familia- en el mismo lugar de veraneo. “Mi voz como escritor-explica Veronesi- cree que el amor es una patología que puede hacerte mucho daño. No te paralices con el duelo de una pérdida. Sé capaz de redirigirte”.

El escritor Sandro Veronesi
El escritor Sandro Veronesi (Servicio Ilustrado (Automático) / EP)

Interesado siempre por el psicoanálisis, reconoce que el antiguo valor de “conservar”, por o gracias al amor, era el prevalente. “No es el mío, yo palpito con los cambios. En el libro, yo no soy Marco sino su mujer”.

¿A cuantas personas llevamos enterradas dentro?”

El desenlace conmovedor -el último capítulo arrastra – es solemne. Veronesi sabe dar sentido a las cosas, también a las que no se ven: “¿A cuantas personas llevamos enterradas dentro?”.

Ha vivido un año esquizofrénico. “Por una parte los desastres de la pandemia, una ambulancia por minuto, sentirnos todos como hermanos amenazados; por otro éste libro que ha sido mi mayor éxito. Ha sido un momento catártico”, asume.

Éxito en tiempos de pandemia

Un éxito que cree que se debe a que sus seguidores “han encontrado un loco como yo, que sigue creyendo en la novela sin reservas, incluso la del siglo XIX, y aquello de que las familias infelices siempre son más interesantes”.

Éxito, al fin, que incluye una reivindicación política esencial: que no se apoderen de la libertad. “En Italia los que no usan mascarillas dicen que lo hacen en nombre de la libertad. ¿Es posible que la libertad se haya convertido en eso? ¡Han muerto millones de personas!”. Su indignación aumenta. “Yo, que he sido siempre libertario, me veo ahora en la obligación de defender la verdad por delante de lo que ellos llaman libertad… Nos han quitado el concepto de libertad ¡Que no nos roben!”

Reivindicando la esperanza

Veronesi aplicó a la novela lo que él llama “mi pequeña valentía” frente a quienes salvan vidas estos días. Se trata de reivindicar la esperanza. La culpa la tuvo una canción de Bob Dylan, “esos minutos de poesía en la pieza que dedica al asesinato de John F. Kennedy. ¡A mi me iluminó!”

Tiene cinco hijos y se siente incapaz de imaginar el futuro sin ver una salida airosa a sus vidas, incluida la abolición de los muebles de Ikea, bromea, “porque son el castigo al discernimiento, están bien pero ellos deciden por ti”.

Sabe que el final del libro es controvertido, “pero pronto el derecho a morir será tan evidente como los demás. Marco, que nunca ha decidido nada en su vida, al menos decide esto”.

Pone, el autor, el ejemplo de quienes en pleno covid han cedido su vida a otros. “Yo lo pienso: si a ti te queda poco y te dicen ‘no tienes esperanza’ y sabes que te llevas el respirador de un chico joven… ¿Tienes que vivir a la fuerza? ¿No puedes ceder tu vida?”

La libertad no existe”

Marco Carrera nació en 1959, igual que Sandro Veronesi. “Un día me di cuenta de que yo le ponía condiciones a la realidad. Y la realidad no existe. Fue después de mi divorcio -afirma Veronesi- y necesité cambiar de vida. Antes lo pasaba todo por la escritura, ahora no. Tienes que aceptar lo que venga sin querer controlarlo”.

No ha querido, tampoco, usar una estructura tradicional. Rompió la tiranía de la lógica y puso en marcha el método. “Pensé: me sentaré cada día a escribir lo que me apetezca sin tener en cuenta el tiempo cronológico. Es arriesgado. De noche a veces no podía dormir… pero así lo hice”.

Colibrí amazilia de cola rufa (Amazilia tzacatl)
Colibrí amazilia de cola rufa (Amazilia tzacatl) (KenCanning / Getty)

Cuenta la leyenda que los guerreros caídos en combate se convertían en colibrí, el pájaro que da nombre al libro. Ese era su premio. La novela de Veronesi incide en esos amores no cerrados, “lo que pudo haber sido y no fue”, sentimientos poderosos que las circunstancias de la vida no permiten cristalizar, la “mercancía no entregada”…

Apunta Luisa: “¿No sabes que en eso consiste nuestro amor: en que yo nunca esté donde tú estés y tú nunca estés donde estoy yo?”. La muerte de una hija, la felicidad de la nieta y un final deliberadamente buscado…

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