Seis ministros en el Infierno de Dante y muy preocupados por la luz

Nadia Calviño, Yolanda Díaz y Fernando Grande-Marlaska – Jaime García

Seis ministros en el Infierno de Dante y muy preocupados por la luz

El Círculo de Bellas Artes organizó ayer una lectura continuada de la ‘Divina Comedia’ que contó con una nutrida representación institucional

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Es raro ver a un ministro en un recital de poesía: mucho más ver a seis. Y declamando a Dante, para más inri. Daban ganas de preguntar por qué, y nadie sabía, como nadie sabe si en el Paraíso también hay que pagar la factura de la luz.

«Opino lo que opina toda la ciudadanía. Las medidas que el Gobierno tomó ayer van a permitir cumplir ese compromiso, que no aumente la factura», dijo Adriana Lastra sobre la ascensión a los cielos del kilovatio hora. Minutos después, por feliz casualidad, pronunció lo siguiente: «¡No esperéis llegar nunca a ver el cielo! / Vengo a llevaros hasta la otra orilla, / a la eterna tiniebla, al fuego o al

 hielo». Lo dijo, esto, con voz de atril, aunque no estaba en el Congreso: menos mal. A estas alturas ya hay que aclarar estas cosas…

Lo que tocaba ayer era celebrar los setecientos años del autor florentino (o sin él, pues conmemoramos su muerte), así que seis ministros, además de otros cargos más o menos celebrados, tuvieron a bien acercarse al Círculo de Bellas Artes (CBA) para participar en una lectura continuada de la ‘Divina Comedia’, la primera que se hace en España. ¿Por qué tanto despliegue institucional? «Es la fuerza de Dante», comentaba, divertido, Valerio Rocco, director de la casa. Pues eso: todo un misterio.

Abrió el acto Meritxell Batet, presidenta del Congreso, leyendo en perfecto italiano los primeros versos del poema: «A mitad del camino de la vida / vi que me hallaba en una selva oscura, / pues el justo camino había perdido…» Esto es verdad casi a cualquier hora y en cualquier lugar: Dante habla del individuo y del mundo a la vez. En fin, la siguiente fue Nadia Calviño, responsable de Economía y vicepresidenta primera, que no sabía si recitaba o hacía la declaración: «… con el espanto / que tan solo con verla provocaba, / que perdí por completo la esperanza». La sucedió Yolanda Díaz, porque incluso en la aparición más nimia hay grados, por lo visto, especialmente cuando hay cámaras. «Y bajo el buen Augusto viví en Roma, / cuando era el tiempo de los falsos dioses». Etcétera.

Así se fueron sucediendo los cargos públicos. Fernando Grande-Marlaska, Pilar Alegría, Miquel Iceta, José Luis Escrivá, Marta Rivera de la Cruz, Enrique López López. Entre turno y turno se escuchaban aplausos, y una voz neutra decía: «Muchas gracias, siguiente lector». Está bien saber cuándo alguien sólo está repitiendo retahílas escritas por otro.

Momento berlanguiano

Más que dantesca, la situación fue por momentos berlanguiana: de repente, en una sala (la ilustre Sala de Columnas) alguien recitaba unos versos eternos, con solemnidad, y cruzando el umbral una marabunta de periodistas cazaba canutazos en medio del ruido. Hubo hasta quien se cayó, por las carreras. Entre las palabras inmortales y las frases efímeras siempre le hacemos más caso a las segundas.

Algunos se marcharon con sigilo y a toda velocidad, como si acabaran de cometer un crimen, y otros se explayaron ante los focos, que para algo habían ido allí: los persiguieron hasta el ascensor. Que si la luz, que si el peor Gobierno de la democracia, que si la presidencia de la Comunidad de Madrid, que si la falta de sentido de Estado, que si estamos en ello… La música de siempre. Y en círculos.

Fueron, los políticos, los primeros en intervenir y los primeros en irse, así que solo leyeron fragmentos del Infierno. Esto quizá signifique algo, más allá de las prisas. Quién sabe. A mediodía había más de cuatrocientas personas inscritas para participar en el sarao: esto quizá signifique algo, también, aunque seguramente mejor.

Desde el CBA confirmaron que el recital se iba a extender hasta las dos de la mañana, por lo menos. Al final, ya ven, al Paraíso se llega por la noche. Y después las estrellas, que dan luz, pero son gratis.

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