Sexo, alcohol y maltrato en el reino del soul: los gozos y las sombras de Aretha Franklin

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Rompió las cadenas del góspel, combatió con pulso firme las desigualdades sociales e hizo del soul una poderosa herramienta de liberación, pero su vida siempre bregó entre las luces del escenario y las sombras domésticas; entre el genio precoz y arrebatado y esa mochila bien surtida de traumas y tragedias con la que cargaba día y noche. Porque, además de superestrella del pop, icono del movimiento de los derechos civiles y Reina Madre del Soul a jornada completa, Aretha Franklin (1942-2018) fue hija abandonada, madre a los 12 años (y luego, otra vez, a los 14) y esposa maltratada. También encadenó episodios de alcoholismo y depresión, amasó fama de huraña y pesetera y vivió buena parte de su vida a la sombra de un padre mujeriego y autoritario, trapos más o menos sucios que la cantante siempre intentó mantener lejos del público, no digamos ya de la prensa.

Cubierta del libro
Cubierta del libro – ABC

Si uno pega la oreja a «Chain Of Fools» puede llegar a intuir que detrás de versos como «soy solo un eslabón en tu cadena» o «me trataste mal / me trataste de forma cruel» se escondía algo má que el buen hacer narrativo de Don Conway, pero Aretha jamás habló de las turbulencias de su vida privada en público. Quizá por eso mismo montó en cólera cuando el periodista y escritor David Ritz, junto al que ya había publicado en 1999 su biografía oficial y muy autorizada «Aretha: From These Roots», se descolgó en 2014 con una biografía paralela que, sin renunciar a los gozos, sacaba a la luz todas las sombras de Lady Soul. «Tras dos años trabajando en ‘From These Roots’, había fracasado a la hora de materializar el tremendo potencial de la vida de Aretha», escribe Ritz en «Respect: The Life Of Aretha Franklin», biografía desautorizada que Libros del Kultrum publica ahora en castellano bajo el rimbombante título de «Apología y martirologio de la reina del soul».

«A nadie le gusta reconocer que a las ocho de la tarde estás alabando al señor y que una hora después estás dale que te pego con un pedazo de cantante que quita el hipo»
Etta James , Cantante

Un severo correctivo a la versión oficial que el propio Ritz ayudó a construir y con el que apuesta por ahondar en el dolor para entender la vida. «Los hechos de su turbulenta vida nos ayudan a comprender el grado de dolor que expresa a través de su música. Cuanto más la entendemos, más profundamente apreciamos las emociones que se canalizan a través de sus canciones», explica Ritz en conversación con ABC. A Franklin, claro, aquello no le hizo ni pizca de gracia, y en cuanto se publicó el libro se despachó a gusto calificándolo de «basurilla inmunda». «Las acciones del autor son obviamente vengativas porque hace quince años edité y quité algunas declaraciones locas que tuvo el descaro de intentar poner en mi libro», dijo entonces la cantante.

Aretha Franklin, junto a Ray Charles durante un concierto – ABC

Realidades paralelas

Las «locas» declaraciones que Franklin hizo desaparecer y ahora podemos leer son menciones al sexo desenfrenado que campaba a sus anchas en el circuito góspel (el «circo del sexo», según Ray Charles y Billy Preston) de mediados de los cincuenta («a nadie le gusta reconocer que a las ocho de la tarde estás alabando al señor y que una hora después estás dale que te pego con un pedazo de cantante que quita el hipo», relata en el libro la también cantante Etta James), escenas de su tormentosa relación con su primer marido, Ted White, y explícitos retratos de sus problemas con la bebida. «Daba igual el número de caídas, de multas y de los malos conciertos por culpa del alcohol. Se sentía protegida por su talento: incluso borracha, cantaba mejor que el 99% de cantantes», recuerda Ruth Bowen, quien fuera su representante.

«Se sentía protegida por su talento: incluso borracha, cantaba mejor que el 99% de cantantes»
Ruth Bowen , Representante de Aretha Franklin

«A finales de 1968, estaba exhausta -añade Ritz-. Bebía sin freno. Su popularidad no conocía límites y eso le exigía cada vez más». De puertas hacia fuera, sin embargo, todo eran números uno, conciertos en memoria de Martin Luther King en la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano y portadas de la revista «Time». «Crear su propia realidad era su forma de sobrevivir», apunta Ritz.

La sombra de su padre, predicador baptista magnético y voraz, la separación de sus padres cuando sólo tenía seis años, y sus dos embarazos siendo aún una cría son algunos de los episodios traumáticos que acompañaron a una Aretha que también en lo musical cometió algún que otro desliz. Uno de los más sonados, a juzgar por el libro, dejar escapar «Let It Be», canción que, según el productor Jerry Wexler, habían compuesto para ella los Beatles.

«McCartney y Lennon habían escrito ‘Let It Be’ para Aretha. No obstante, cuando le puse la maqueta unos meses antes, no sabía si grabarla por su educación baptista, ya que creía que lo de ‘Mother Mary» de la letra quedaría un pelín católico. Prefirió no grabarla. Paul y John sabían que iba a ser un éxito, se cansaron de esperar y la grabaron primero», recuerda Wexler. Otro «error garrafal» como el que cometió un par de años antes, cuando rechazó «Son Of A Preacher Man» y Dusty Springfield la transformó en oro. Otra vez «the same old song», que dirían los Four Tops.

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