¡Si hasta los picadores fuman tabaco rubio!

Ángel González Abad

06/08/2022 a las 13:24h.

Lo de cualquier tiempo pasado fue mejor puede ponerse en duda si echamos la vista atrás y nos fijamos cómo, ahora hace setenta años, críticos taurinos achacaban a la afluencia de turistas la benevolencia que se vivía en la plaza de toros más importante del mundo a la hora de valorar los triunfos de los toreros. El 6 de julio de 1952 se lidió una corrida de Escudero Calvo, los actuales victorinos, que fue del agrado de los cronistas por su presentación y encastado juego, en un día en el que a la vez entraron a valorar cómo se comportaban los espectadores que acudían a la plaza venteña. «El público de Madrid -¡y los turistas, señor, los turistas!-, quieren toros», resumía Giraldillo en su crónica abecedaria.

«Buena entrada. Por cada aficionado había en los graderíos cinco espectadores y veinte turistas», exponía Barico, seudónimo de Benjamin Bentura, en la revista ‘El Ruedo’, y un tanto conformado, escribía: «Hay que resignarse. Nos pueden. ¿Y como no nos van a poder a nosotros, si vivimos tiempos en que los picadores fuman tabaco rubio? Cualquier día van a sacar a hombros a Machuca, que sirve muy bien la cerveza».

Los albaserradas de Escudero Calvo fueron aplaudidos y bien valorados, «empalagan ya tantos toritos de carril y de cuando en vez viene de perlas ver toros que presentan dificultades y crean problemas a los lidiadores».

Alternaron aquella tarde el peruano Rovira, Pablo Lalanda y Pablo Lozano, que salió el mejor parado. Cortó una oreja y dio una vuelta al ruedo, premio suficiente para salir de la plaza a hombros. Los críticos le reconocieron sus buenas faenas, pero insistían en que los turistas mandan. «Día llegará que no tendrán valor las orejas cortadas en la capital de España ni las salidas a hombros», escribía Barico.

Situaciones incomprensibles

Por su parte Giraldillo exigía que se cumpliera el reglamento en situaciones incomprensibles en la plaza de Madrid como la de llamar la atención a los toros desde los burladeros o el callejón. «Y como el gran público no presta atención a estas cosas fundamentales de la buena lidia, todo va a la deriva».

Era el precio de que unos espectadores noveles o de aluvión poblaran los tendidos de Las Ventas, que en pleno verano se llenaba un domingo tras otro. Era lo que entonces se veía casi como la decadencia de la Fiesta en la primera plaza del orbe taurino, la que debía marcar el rumbo en todas las demás hasta las de menor categoría. Se atravesaba la década de los años cincuenta, con toreros de la importancia de Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín, Litri, Aparicio, Pepe Luis y Manolo Vázquez… Una época que con la distancia del tiempo puede considerarse como de enorme importancia para la historia del toreo…, aunque los picadores fumaran tabaco rubio.

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https://www.abc.es/cultura/toros/picadores-fuman-tabaco-rubio-20220805183947-nt.html

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