Silvia Fernández: «Disfruto mucho desde un punto de vista plástico, yendo y viniendo entre el arte y el diseño»

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Nacida en 1990, Silvia Fernández es licenciada en Bellas Artes y su labor profesional va por un camino artístico del que el diseño se beneficia de su original y creativo pensamiento visual. El pasado año 2019 recibió el Premio Nacional de Diseño en la modalidad de «jóvenes diseñadores». En palabras del jurado, fue concedido por «su contribución en la reconfiguración de grandes clientes gracias a sus aportaciones en el campo de interfaz gráfica como por su profundo entendimiento del diseño de procesos, diseño estratégico y de servicios e investigación». La diseñadora multidisciplinar, aplica soluciones pragmáticas a sus trabajos cargados de soluciones imaginativas y sencillas, buscando siempre la complicidad de sus receptores.

Su estancia en Nueva York durante 2 años, influyó de tal manera que le permitió comprender el diseño desde una perspectiva más enriquecedora y estratégica, siendo capaz de trasladar la cultura del diseño y la innovación en diferentes proyectos en el continente americano. Sin dejar de lado su labor artística ha llegado a exponer en el Museo de las Artes Decorativas o en la sala Amadis.

Su posterior desarrollo profesional la sitúa en Roma, merecedora del Premio de la Real Academia de España en la categoría de diseño para el desarrollo del proyecto «Libros Ilegibles» de Bruno Munari. Durante su estancia en Roma expone en galerías como Stefania Miscetti o en la propia Academia de España, donde consigue el reconocimiento de profesionales de reconocido prestigio en el campo del diseño como Stefan Sagmeister. En la actualidad es diseñadora freelance para agencias y consultoras de diseño estratégico, y compagina su labor con la docencia en el Instituto Europeo de Diseño de Madrid y Domestika.

¿Qué supuso para usted y su carrera recibir el año pasado el Premio Nacional de Diseño modalidad «jóvenes diseñadores»?

Ser la primera diseñadora joven que gana este premio fue una gran alegría. El cambio más significativo a lo largo de todo este año ha sido a nivel personal. Mi trabajo no siempre se sitúa en una disciplina muy concreta y, a pesar de que antes veía esto como un inconveniente, gracias al reconocimiento ahora veo la multidisciplina precisamente como una de las cosas que describen mi perfil y mi trabajo. Ahora hago, sin preocuparme por mi especialidad, proyectos de producto digital, de marca, de ilustración y proyectos más relacionados con el arte como exposiciones o libros de artista. Por otro lado, los premios han tenido una gran visibilidad, y por suerte eso también ha hecho que repercuta en el volumen y, sobre todo, en el tipo de encargos que recibo.

¿Cuándo y cómo surge su interés por el diseño?

Creo que no hay un hecho o fecha concretos. Pienso que más bien ha sido una cadena de cosas que, por suerte, han ido desembocando en una profesión que disfruto. La revista de pasatiempos que hacía de pequeña junto con mis primas, el Creative Writer 2 en el ordenador de mi abuelo, los veranos trabajando como socorrista, pintar cuadros con mi padre, vender gafas de sol en El Corte Inglés o hacer un intercambio en Escocia en una familia de diseñadores podrían ser algunos de los motivos. Lo que sí tengo claro es que durante la carrera (Bellas Artes) ya rondaba la idea por la cabeza. Admiraba figuras como Pablo Amargo o Isidro Ferrer que conseguían contar con imágenes muchas más cosas que con palabras. Esos juegos de imágenes me dieron curiosidad y, como si fuera un reto, quise jugar a inventar mis propias imágenes yo también.

«Que algo funcione de una determinada manera en papel no significa que vaya a funcionar igual en digital, y viceversa»

¿Qué es para usted el diseño?

Uy, ¡qué difícil! Creo que no existe una definición única del diseño y si la existiera, además, estaría en constante cambio. Cada diseñador hace uso de una y me parecen todas igual de válidas. Precisamente, las definiciones han dado bastante inseguridad a mi trabajo en el pasado, así que procuro olvidarme de dónde están las barreras. Para mí es una disciplina que responde a encargos desde un punto de vista lógico y visual teniendo en cuenta factores que no solo hablan de lo estético, como quién y cómo es la gente que va a usar tus diseños o qué intereses de negocio hay que cumplir. Algo así como una disciplina que traduce información y cuida hasta el más mínimo detalle pero al mismo tiempo estando pendiente de toda la película.

El diseño nunca puede prescindir de…

Propósito.

¿Cómo definiría la figura del diseñador gráfico? ¿Qué requisitos considera necesarios para ser un buen diseñador? 

La capacidad de buscar, experimentar y preguntarse. Qué le voy a hacer si es un cliché, pero sí, diría curiosidad.

Exposición en Roma

¿Qué diseñadores o personas marcan su influencia profesional?

Muchos, y cada día más. En estos últimos años estoy un poco obsesionada con Bruno Munari, admirando su multidisciplina, su sentido del humor, sus experimentos y sus juegos. En una línea parecida, me siento muy inspirada con el trabajo del francés Paul Cox, quien también mezcla disciplinas y hace cosas con la que la gente puede interactuar y entrenar su creatividad. También diría Julia Huete, una artista que trabaja tanto formatos pictóricos como el dibujo o el tejido como piezas más objetuales. También Agnes Martín, Alma Siedhoff-Buscher, Elena Alonso o Hilma af Klint. Y mi madre.

¿Qué fronteras nunca debe traspasar un diseño?

Para mí, la frontera está en querer convertir el diseño en el protagonista visible de todos los encargos. Algunas veces se malinterpreta el uso del diseño y se sobre diseña, casi olvidando que el público no son solo diseñadores.

¿Cómo se enfrenta al papel en blanco?

Creo que la mejor manera de no tener bloqueos creativos es estar en constante funcionamiento y no perder la rutina creativa. Procuro dibujar todos los días o hacer alguna actividad manual que haga que me enfrente de manera desinteresada al papel. En esos ratos más desinteresados es donde conseguir hacer las cosas que considero más personales. También fotografío todo aquello que me interesa y veo por la calle que podría hacer que de ahí saliera un proyecto. Precisamente hace poco he sacado un curso en Domestika donde propongo algunos ejercicios para entrenar la creatividad a partir de la observación y la generación de ideas sin miedo.

¿Qué es lo que le resulta más estimulante de su profesión?

De la profesión me encanta el equilibrio entre pensar y comerme la cabeza con el cómo hacer las cosas y ponerme a hacer y disfrutar los detalles. Son como pequeños enigmas que tengo que ir resolviendo poco a poco. También disfruto mucho trabajando para proyectos y sectores diferentes que hacen que aprenda cosas nuevas no relacionadas con el diseño todos los días. Así como, disfruto mucho desde un punto de vista plástico, yendo y viniendo entre el arte y el diseño y viendo cómo puedo relacionar uno y otro.

Tablero de juego
Tablero de juego

¿El diseñador debe tener un estilo y aplicarlo en todos sus diseños o reinventarse cada vez?

No creo que lo uno o lo otro esté bien o mal. Considero que cada uno usa sus herramientas como mejor considere. De cualquier forma, creo que todos con los años vamos modelando el tipo de planteamientos que hacemos e inevitablemente alguna huella vamos dejando. Yo, por ejemplo, no creo tener un estilo particular, aunque los que trabajan conmigo no están de acuerdo y lo ven claro.

¿Qué hace cuando el cliente dice sencillamente «no me gusta»?

Por suerte rara vez llego a ese punto. Si he llegado es, seguramente, por una mala planificación del proyecto. Procuro tener una comunicación con los clientes bastante frecuente de manera que no vean el diseño como una obra de arte que está escondida bajo una tela negra y sea más bien un proceso colaborativo. En los proyectos más visuales, de marca, por ejemplo, suelo incluir actividades para hacer junto al cliente que ayuden a hablar de atributos o cosas más visuales que a veces no son tan fáciles de expresar.

«Hay empresas que ven el diseño como una capa de chapa y pintura sobre un conjunto de decisiones donde el diseñador no ha tenido nada que decir»

El diseño gráfico actual se define en gran medida por la tecnología. ¿Cree que se ha perdido toda vinculación con lo artesanal? ¿El ordenador ha pasado de implementar simples especificaciones a ser una herramienta esencial para la toma de decisiones?

Desde el punto de vista del diseño gráfico no creo que haya cambiado mucho, ¡aunque yo tampoco puedo comparar mucho! La idea sigue siendo lo más importante, y la manera de ejecutarlo es verdad que se ha agilizado mucho, pero eso no ha hecho que los diseñadores sean mejores o peores.

Su trabajo también se dirige hacia lo digital. ¿Cómo se debe abordar la cultura de proyectos digitales? ¿Cuál debe ser la misión del diseño de interacción y estratégico?

Considero que hay que aprovechar las características de cada medio y no adaptar las cosas con calzador. Que algo funcione de una determinada manera en papel no significa que vaya a funcionar igual en digital, y viceversa. Precisamente, con el objetivo de experimentar el medio editorial en un soporte digital, publico junto con mi amiga Julia una revista online cada 2 o 3 meses. Se llama asimetri.co y está dividida en 2, como si fuera un animalario donde puedes ir pasando las páginas por trozos. En cuanto al diseño de interacción: hace de conexión entre la investigación y el aterrizaje más visual del diseño, esa conexión también tiene en cuenta otras cosas como objetivos de negocio, y más cuando hoy en día muchos proyectos digitales son el producto o la empresa en sí.

Ilustración para Santillana

¿Cómo ve actualmente el diseño español?

Creo que en España hay muchísimo talento en el diseño y cada vez más las empresas cuentan con diseñadores para tareas bastante estratégicas. Es verdad que todavía otras tantas ven el diseño como una capa de chapa y pintura sobre un conjunto de decisiones donde el diseñador no ha tenido nada que decir.

¿Qué valor e importancia tiene la formación en un diseñador? ¿Los jóvenes diseñadores están lo suficientemente preparados?

Es verdad que la mayoría de diseñadores en activo de hoy en día no se han formado en diseño, entre otras cosas porque no existían los estudios como tal. Considero que es una profesión de curiosos y la formación es importante, pero casi igual o más lo que ocurre más allá de la facultad. Soy docente en 2º curso del grado de diseño y en mi experiencia me sorprende el nivel de ejecución de los alumnos. Se manejan sin problema con herramientas, referencias o acabados, aunque es precisamente en la parte de concepto y observación donde más hay que apoyarles. En cualquier caso, creo que vienen generaciones de diseñadores muy muy preparadas y talentosas con las que estoy deseando trabajar.

¿Qué meta profesional le gustaría alcanzar durante los próximos años?

Todavía estoy asumiendo lo bien que ha ido la decisión de tomar mis proyectos de manera autónoma. Durante estos años he podido combinar proyectos de diseño digital, de marca, otros más artísticos como exposiciones, creación de objetos y otros como docente. Me gustaría crecer en los proyectos y poder montar mi propio estudio. Un estudio que tenga que ver con mi lado más artístico y seguir viendo cómo se va mezclando todo. Confieso que me encantaría diseñar juegos y, por qué no, sacar mi propio libro.

Para terminar, ¿qué libro o libros recomendaría a todo joven diseñador?

Modos de ver: Este libro de John Berger reflexiona sobre cómo nuestra manera de ver afecta a la realidad.

Escritura creativa: Cuadernos de ejercicios de El Hematocrítico y Olga Capdevila, donde escribir e imaginar es divertido. Además, las ilustraciones de Olga son PRECIOSAS.

Cómo ser un explorador en el mundo: Un libro de Keri Smith con montones de ejercicios para llevar una rutina creativa y que nada pase desapercibido.

Fantasía: ¿Cómo nace la creatividad? ¿Qué la diferencia de la fantasía? Este libro de Bruno Munari te ayuda a entenderlo.

Bunpei Yorifuji: Un precioso libro de Rakugaki para perder el miedo a dibujar.

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