Sin entrevista no hay periodismo

–¿Eres tú el rey de los judíos?

–Tú lo has dicho, no yo.

Pilatos entrevistó a Jesús antes de enviarlo a la cruz, entrevista después harto leída. Sabemos desde entonces que entrevista el juez, entrevista el policía, entrevista el abogado, entrevista el médico, entrevista el psicólogo, entrevista el confesor. Y el periodista, que no entrevista para incriminar (policía), defender (abogado), curar (médico), redimir (confesor), condenar o absolver (juez). El periodista entrevista solo para una cosa: contarlo.

Y ahí nace el periodismo. Preguntas aquí y allá, y con las respuestas tejes el reportaje, el artículo, la columna, la crónica, la contracrónica, la crítica, el análisis, la semblanza, la estampa, el obituario, ¡todos los géneros del periodismo! No hay periodismo si no hubo antes una entrevista.

Entrevista: un periodista pregunta y un personaje responde. Dicen que inauguró el género Horace Greely con una entrevista al dirigente mormón Brigham Young en el neoyorquino rotativo Tribune, en la guerra de Secesión (1861-65), y alzó el vuelo en el Herald de Nueva York, con las piezas de James Gordon Bennett sr. La Vanguardia, en 1886, cinco años después de la aparición de su primer número (1881), publicaba una pieza titulada “Interview”, de redactor anónimo, para “protestar contra el uso de una palabra exótica que por mediación de la lengua francesa, se va introduciendo lentamente en la española”: interview. Mi colega de hace 135 años, para designar la conversación entre un periodista y un personaje, postulaba la voz conferencia. La propuesta no cuajó, y en entrevista se quedó.

Hace 135 años para designar la conversación entre un periodista y un personaje se postuló la voz conferencia. La propuesta no cuajó, y en entrevista se quedó

En 1871, un periodista del New York World, R. Landon, se presenta en casa de Karl Marx, en Londres: le pregunta si la Internacional por él fundada era responsable de la Comuna de París. “¡No!”, asevera Karl. Y, de paso, habla con orgullo de una “huelga de cigarreros” en… ¡Barcelona!

“–¿Entró usted a robar?”.

Lo pregunta en 1897 un periodista del Heraldo de Aragón a un reo por asesinato (el periodista se cuela en el vagón del tren que traslada al preso), y la entrevista reconstruye el crimen. Y en 1906, el periodista Rafael Mainar publica en Barcelona El arte del periodista: señala que el género del interviú “se halla muy en boga”, lo valora como “una fórmula precisa y preciosa de la información”.

La entrevista periodística entró en el siglo XX con ganas de radiografiar al poder, y el 2 de abril de 1933 acudía a Hitler, recién incinerado el Reichstag, para saber si la supresión de libertades duraría mucho: “Cuando se suprima el peligro comunista, el orden natural de las cosas retornará”. No hubo repregunta. ¡Muy mal!

El maestro del arte de entrevistar fue aquí Manuel del Arco, en La Vanguardia de 1953 a 1971 (Mano a mano): hizo centenares de entrevistas vivaces, ágiles, incisivas, garbosas, que aún hoy se leen con gusto e interés. Del Arco consagró aquí el género, que recogería en los años noventa la inolvidable Margarita Rivière (De carne y hueso), que a su vez abrió paso a los de La Contra. Y aquí seguimos. Y por muchos años: el periodista jamás dejará de entrevistar. ¡Viva –por los clavos de Jesucristo– la entrevista!

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