Solos ante la justicia alemana

Paco Zapater y Núria Caminal son los padres de Clara Zapater, una de las dos jovenes catalanas fallecidas en la trágicamente celebre avalancha humana que enluto el festival musical Loveparade celebrado en 2010 en Duisburgo.

Una tragedia con gran seguimiento mediático por el fallecimiento de 21 personas a causa de una organización lamentable que permitió un aglomeración desmesurada de gente en un túnel prácticamente sin salida. Aquel desastre perfectamente evitable y al que acudió cerca de medio millón de personas (sobre un aforo permitido de la mitad) ocurrió el 24 de julio de 2010 y diez años más tarde, es decir, el pasado mes de mayo el juicio se archivó sin sentencia.

Un fotograma del documental que recoge los dramáticos momentos d e la avalancha humana en el Loveprade de 2010
Un fotograma del documental que recoge los dramáticos momentos d e la avalancha humana en el Loveprade de 2010 (.)

Un interminable via crucis legal y temporal de los que deberían marcar época: en 2016 el tribunal de Duisburgo ya archivó el caso porque no veía indicios de criminalidad. Por el eco mediático y popular, la insistencia legal y también un campaña llevada a cabo en change.org que recogió 367.000 firmas en toda Europa, el caso se reabrió en diciembre de 2017 en Düsseldorf.

El interés despertado por la tragedia, y también su alucinante desarrollo posterior, motivó la génesis de El caso Loveparade , un documental de una productora berlinesa dirigido por Dominik Wessely. Una película que cuenta como leit motiv el desarrollo pormenorizado de la causa, con la participación activa de todas las partes, comenzando por el presidente del tribunal y acabando por las víctimas, en este caso los padres de algunas de ellas. (Los miembros de Club Vanguardia tienen un descuento de 5 euros del abono para ver todas las películas si las adquieren en EntradasDeVanguardia).

Y en este capítulo destaca el protagonismo de los padres una de las dos jóvenes catalanas fallecidas, la tarraconense Clara Zapater de 22 años, que se acaban convirtiendo en una de las columnas vertebrales de una interesantísima película que puede verse estos días en el festival In-Edit de cine documental musical.

La película aparte de ser una radiografía fidedigna de un suceso y de su posterior proceso alambicano, eterno y, a ojos lógicos, un punto surrealista juicio, es un hermoso retrato de la cruzada personal y sentimental de dos personas que a lo largo de un decenio han tenido que vivir un segundo sinsabor después de la evitable muerte de su hija.

Clara Zapater y Marta Acosta, la dos jóvenes amigas fallecidas trágicamente en el Loveparade
Clara Zapater y Marta Acosta, la dos jóvenes amigas fallecidas trágicamente en el Loveparade (ACN)

Es el padre, abogado, quien explica cómo está ahora el caso Loveparade: “el 4 de mayo el tribunal de Duisburgo dictó un auto cerrando el caso sin sentencia y sin acabar el juicio por la sencilla razón de que como había muchas culpabilidades pequeñas y no se podía acabar porque prescribía. Decía textualmente que se cerraba el caso porque no había interés en proseguir su enjuiciamiento”. Y es que “en Alemania hay una ley que dice que si a los diez años un juicio no tiene sentencia se archiva por prescripción”. Y apostilla: “ni justicia ni descanso”. Ahora solo queda apelar en Estrasburgo.

Aparentemente incansables a lo largo de todo este tiempo,viajando, tratando a los medios, etc., la dupla Zapater-Caminal esperaba otro desenlace. “Nosotros queríamos acabar ya porque llevamos diez años con un desgaste emocional considerable, con un desgaste de tiempo y también de dinero. Y el sistema judicial alemán es mucho más fuerte que nosotros. Y es que hay una cosa que ha quedado patente desde le principio para nosotros y es que no ha habido interés en sacar este juicio adelante”.

“A los alemanes no les gusta cuestionar a sus autoridades y sus métodos; es un país de silbar y de mirar hacia otro lado”

Una falta de interés “porque lo que se cuestionaba era una organización del festival inexistente, meter miles de jóvenes en una ratonera, en un túnel. Mire -prosigue el ciudadano Zapater-; l os alemanes no son los que parecen, Alemania no es lo que parece; aquí en España, en Italia, en los países meridionales protestamos muchos, reivindicamos mucho y parece que aquí las cosas no vayan bien. Pero en Alemania ni reivindican ni protestan, allí siguen los dictados del papá Estado, y si éste dice que no hay que seguir, no siguen. Los que hemos tirado del carro en este juicio hemos sido sobre todo meridionales, nosotros, una madre italiana y sí, también una alemana. Lo que es evidente es que a los alemanes no les gusta cuestionar a sus autoridades y sus métodos; es un país de silbar y de mirar hacia otro lado. Solo hay que atender a la historia”.

Un aspecto de la salida del túnel tras la avalancha
Un aspecto de la salida del túnel tras la avalancha (EFE)

En todo este largo, doloroso y pesado decenio, el matrimonio no ha sido visto muy respaldada por estamentos oficiales. “El cónsul de España en Düsseldorf, el día de la tragedia y los cuatro siguientes no se separo de nosotros y estuvo siempre allí, un diez; el ministro Moratinos jamás dio señales de vida, un cero. La Generalitat de Catalunya, tanto Montilla como Josep Lluís Carod nos llamaron y se interesaron. Pero tampoco pedimos ayuda a estas administraciones porque nuestro objetivo era presionar al sistema judicial alemán. Aceptamos salir en el documental cuando nos lo ofrecieron para denunciar esto, sobre todo para que se vea en Alemania”.

“No queríamos salir en el documental como los típicos padres pobrecitos que sufren, que lloran, que piden misericordia”

Con el resultado final del documental están en general de acuerdo aunque ellos hubieran preferido “no aparecer como los típicos padres pobrecitos que sufren, que lloran, que piden misericordia. Lo que queríamos eras dos cosas: mantener la dignidad y, segundo, ser críticos con un sistema judicial que vimos desde el minuto uno que no estaba por la labor”.

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