Tanta gente que aún le da vueltas a Paco Umbral

El documental ‘Anatomía de un dandy’, que el lunes se estrena en la Seminci de Valladolid, bucea en aspectos inéditos de la figura humana y…

«Quiero dar aviso de lo que está pasando, la muerte de los libros y la herida en la idea. Sólo la cultura, ese saber del hombre sobre el hombre, puede salvar el mundo de la barbarie técnica o guerrera». Con estas palabras se inicia Anatomía de un dandy. En la imagen, Francisco Umbral lee en Alcalá de Henares su discurso como Premio Cervantes. Es el 23 de abril de 2001. El documental, dirigido por Charlie Arnáiz y Alberto Ortega, revela cómo un joven de Valladolid llegó hasta aquel paraninfo t

ras haber vivido y escrito en pensiones del Madrid de los 60. «Yo tenía el problema de conquistar Madrid con una máquina de escribir que por entonces manejaba y acariciaba como una metralleta». «Sí, toda mi obra habla de mí, tengo que contar mi vida porque todas las vidas son iguales, tienen temas comunes, como
el amor, la soledad, la ambición, el sexo, el instinto de matar y el instinto de morir.
Contando mi vida estoy contando a los demás», dice Umbral en una de las numerosas grabaciones que mantuvo con el escritor Eduardo Martínez Rico. Y aparece
Raúl del Pozo
, en la cripta del Café Gijón, donde jugaba al póker encima de un capote. «Aquí lo conocí. Nunca sabía si hablaba en ficción o de verdad, lo mezclaba todo. Era un superviviente que llegó desde Valladolid en autobús con un estilo deslumbrante». Aparece Umbral en un vídeo en blanco y negro, en el café, con gafas de pasta, alto y flaco, fumando, riendo entre jóvenes con el pelo cardado. Y sale
Manuel Vicent
en la actualidad, junto a la mesa a la que ha sido fiel desde 1960. «El Gijón era una especie de
gabarra de náufragos
, todos con sus sueños de gloria. Pero sólo sacaron cabeza muy pocos. Escribía con dos dedos a una velocidad increíble, una equivocación la convertía en un salto mortal». En el Gijón aquel uno podía toparse con un mono de verdad, evoca Vicent. «Se llamaba Manolo y era del pintor
Otero Besteiro
. Andaba por todas las mesas». Allí vio Umbral a
Cela
por primera vez, allí venció su timidez de provinciano y se atrevió a entrevistarle (breve y no muy lograda, según el aspirante a escritor). Pero aquel paso fue fundamental. «Cela es un maestro para él, apuesta de una manera abierta y pública por él pues le publica tres libros, T
amouré, Travesía de Madrid
y
Balada de gamberros
. Y eso no se olvida», comenta el periodista y poeta
Ángel Antonio Herrera,
que publicó en 1991 un libro de encuentros,
Francisco Umbral
(Grupo libro). «Umbral es Valle-Inclán, Umbral es Larra, Umbral es Oscar Wilde. Quien escribe debe infiltrarse, meterse en el personaje que va creando». Quien ahora habla al espectador de
Anatomía de un dandy
es
Bénédicte de Buron-Brun
, autora de varios estudios sobre su protagonista. Recuerda la profesora que sus artículos pronto se publicaron en 14 periódicos. En la casa de Majadahonda del escritor, la profesora muestra el primer artículo que pudo firmar, aún como Francisco Pérez, titulado
Librería de viejo.
«Umbral empieza a contonearse con sus abrigos de piel de astracán, la bufanda, la melena, el cuello alto. Un disfraz para desafiar. Tenía una ruta clarísima para ser Francisco Umbral», comenta el poeta, periodista y columnista
Antonio Lucas.

Una persona herida

Sigue

Rosa Montero

: «Ayudaba a gente joven como a mí. Estaba lleno de alegría. Quiso demostrar al mundo y a sí mismo que podía ser todo lo que él quisiera. Le he visto siempre como una persona muy herida,

muy necesitada del amor y el reconocimiento

de los demás porque había sido herido muy profundamente desde joven. Como articulista revolucionó la lengua, la hizo más libre». La siguiente voz es la de

Miguel Delibes,

retratado en

Anatomía de un dandy

como director de periódico. «Las crónicas en

El Norte de Castilla

son seguramente de lo más divertido e ingenioso que ha dado el periodismo español en los últimos 40 años», dice el mentor de un joven Umbral, que llegó a la capital con varias cartas de recomendación suyas.

Joaquín Soler Serrano, Mercedes Milá

e

Isabel Tenaille

al alimón,

José María Íñigo, Lola Flores, Victoria Vera, Jesús Hermida, Rappel, Dragó…

Todos lo entrevistaron. Y Mercedes Milá de nuevo. Cómo no podría estar el «Yo he venido a hablar de mi libro. Esto es un engaño como toda la televisión, que es putrefacta».

Pedro J. Ramírez

lo fichó siendo director de Diario 16 y luego se lo trajo a

El Mundo

. «Se sentía muy identificado con mi manera de entender el periodismo, un desacato permanente, una rebeldía de no dejarnos domesticar», comenta el hoy director de

El Español.

Destacada es la intervención de

Manuel Jabois

, quien descubrió

urbi et orbi

la identidad del padre de Umbral. «Después de haber escrito 110 libros y 135.000 artículos de prensa no se sabía cómo se llamaba ni en qué año había nacido. Me llegó un rumor y…». Se lo confirmó el catedrático

Jorge Urrutia,

hijo del poeta

Leopoldo de Luis

. Éste y Umbral fueron hijos de dos relaciones distintas de

Alejandro Urrutia

. «Mi abuelo», afirma Jorge Urrutia, «era un joven modernista cordobés. Le recuerdo todo vestido de negro, con capa española y zapatos de charol».

La muerte del Pincho

El momento más… delicado del documental llega con la voz y las fotos de

Pincho

, el único hijo que

María España Suárez

y Umbral tuvieron. Murió de leucemia. «¿Cómo te llamas, Pincho?», «Francisco Umbral, como papi». El escritor le inventa un cuento en el que aparece una nube de tomate. «El libro se iba a llamar

Estoy oyendo crecer a mi hijo,

lo estaba haciendo ya, a lo que saliera. Y surgió la tragedia», cuenta Umbral. La muerte de Pincho «le hizo concentrar todas sus atenciones en su actividad literaria y al mismo tiempo le estimuló para protegerse con una cierta apariencia de ogro malvado», afirma Pedro J. Ramírez. España lee el fragmento de

Mortal y rosa

, donde contó aquel morir, España habla de la relación de Umbral y las mujeres; ella la mujer sin la cual Umbral no llegaría a ser quien fue (dice Antonio Lucas), aquel Umbral que escribía crónicas en las que se entraba como en una discoteca, porque allí estaban todo,

la duquesa de Alba, Ramoncín

y

la peluquera de Malasaña»

, dice Herrera. «Lo peor de Umbral era el egocentrismo, la obligación que imponía en los medios en que trabajaba a que fuera tratado con una deferencia que él no reconocía para otros», sostiene el periodista Juan Cruz, que tanto lo trató en El País. «Fue el gran cronista de Madrid, de la calle». Raúl del Pozo añade: «Tenía miserias. Venía de una conferencia y sacaba el dinero de los bolsillos de la chaqueta y te decía

‘tú nunca ganarás esto’

». Aquí y allá surgen frases de Umbral lapidarias, sencillas, delicadas y rotundas:

«En España la envidia es más fuerte que el fútbol»

. «Era muy sensible, muy dulce» (España). ¿Por qué el documental? «España está cambiando a una velocidad increíble y nos parecía importante reflejar, no sólo la historia de un personaje único sino también un momento de nuestra historia que él se encargó de contar en su literatura», dice Charlie Arnáiz, director de la pieza. Su cómplice Alberto Ortega termina:

«Tenía todos los tintes dramáticos y narrativos que una buena historia requiere»

. Pues eso, que solía decir él.

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