Temporada Alta celebra diez años de su torneo de autores

Comenzó como un experimento, una propuesta divertida del autor y director Jordi Casanovas al festival Temporada Alta de Girona que no iba a durar más de un año. Pero lleva diez. Y se ha convertido en un pequeño fenómeno que se ha exportado a Madrid, Valencia, Mallorca e incluso a Buenos Aires. ¿La propuesta divertida? Enfrentar en forma de torneo, de combate escénico, a ocho de los autores más conocidos del panorama teatral catalán. Más que a los autores, sus textos, leídos en un ring por conocidos actores y con el público como único juez del combate, que vota al final de cada eliminatoria su historia favorita para que pase a la siguiente fase. Al público le gustó tanto la fórmula que tuvieron que ampliar el espacio previsto inicialmente. Y los resultados fueron sorprendentes: la obra que ganó el primer Torneig de Dramatúrgia fue la surrealista e hilarante El crèdit, de Jordi Galceran, que después ha arrasado en los escenarios de toda España.

En el primer año solo había una mujer en el torneo y en esta edición son seis de los ocho contendientes

Una década después la fórmula sigue viva y muestra cuán velozmente ha cambiado el panorama social: si en aquel primer combate la única mujer entre los ocho contendientes era Cristina Clemente –actual presentadora del torneo–, este 2020 seis de los ocho luchadores son mujeres: Lara Díez Quintanilla, Denise Duncan, Mar Monegal, Queralt Riera, Marta Solé y Eu Manzanares, en un cuadro de combate que completan Jumon Erra y Borja López Collado. Unos combatientes que comenzarán su lucha el 19 de octubre y tras sucesivas eliminatorias celebrarán la gran final el 7 de diciembre, cerrando el Temporada Alta.

Mar Monegal y Eu Manzanares en la presentación del Torneig de Dramatúrgia en la sede barcelonesa de la SGAE
Mar Monegal y Eu Manzanares en la presentación del Torneig de Dramatúrgia en la sede barcelonesa de la SGAE (Martí Escudé)

“Hace diez años pensábamos que este torneo sería por un año, un experimento para jugar y para demostrar que la dramaturgia catalana estaba suficientemente consolidada como para enfrentar a sus integrantes. Pero tras poner las entradas a la venta en un par de semanas tuvimos que ampliar el espacio, y ahora habrán pasado ya 76 autores por el torneo, porque un año repitieron cuatro. Eso envía señal muy clara de la salud de la dramaturgia de Catalunya ahora mismo”, señala Narcís Puig, adjunto a la dirección artística de Temporada Alta. Que explica, eso sí, que debido a la pandemia, el aforo de la sala La Planeta donde se instala el ring se reducirá a la mitad, pero que a cambio todos los combates se retransmitirán en streaming a un precio de dos euros para que sus numerosos fieles puedan seguirlos.

Salvador Sunyer, director de Temporada Alta, y  Narcís Puig, adjunto a la dirección artística
Salvador Sunyer, director de Temporada Alta, y Narcís Puig, adjunto a la dirección artística (Aleix Freixas / ACN)

Un Puig que recuerda que la presencia de la autoría local en el festival va mucho más allá del torneo: este año programarán “52 espectáculos de creación catalana, textual y no textual, porque también hay coreografías o circo”. “Son más de la mitad de la programación. Hace 10 o 15 años no hubiéramos imaginado que de manera natural salieran la mayoría de espectáculos de autoría catalana”, concluye optimista.

Los actores Alberto Díaz, Albert Prat, Àurea Márquez y Sergi Torrecilla en 'Els subornats', de Lluïsa Cunillé
Los actores Alberto Díaz, Albert Prat, Àurea Márquez y Sergi Torrecilla en ‘Els subornats’, de Lluïsa Cunillé (David Ruano)

Entre esos espectáculos estará la nueva obra de Lluïsa Cunillé, que se inspira libremente en un clásico del cine negro, Los sobornados, de Fritz Lang, en el que un policía honesto intenta no sucumbir a la corrupción que le rodea. Els subornats, que se estrenará el día 10 en el Teatre de Salt dentro del festival Temporada Alta. Y que se verá en enero en la Sala Beckett.

Los actores de la compañía La Ruta 40, dirigida esta vez por Lurdes Barba –quien señala que “fue una sorpresa que una compañía consolidada de hombres jóvenes me viniera a buscar y pensé que podía ser muy enriquecedor”–, se enfrentan a un texto que transcurre en la sala de proyecciones de un cine en la que acaban dos personajes de la política. El universo del cine, su fantasía y sus fantasmas, se mezclan con un caso de corrupción y con unos personajes capaces de tomar decisiones que ponen en riesgo su seguridad “pero obedecen a su sentido de la responsabilidad, es el tema clave que quiere tratar”, remarca Barba.

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