Thiem es mucho más que un ‘terrícola’

Thiem sirve durante el partido contra Tsitsipas en el O2 de Londres. En vídeo, imágenes del encuentro.

Cuando se impone a Stefanos Tsitsipas en la apertura de esta Copa de Maestros, desangelada en lo ambiental pero no en lo competitivo, Dominic Thiem estruja la victoria con el puño derecho como si quisiera reventarla. “¡Vamos, vamos, vamooos!”, repite tres veces en dirección a su banquillo, donde Nicolás Massú, su técnico, el chileno que llegó a ser nueve del mundo y conquistó dos oros olímpicos en Atenas 2004, le devuelve el gesto y después resopla profundamente porque su chico ha salido de un buen apuro contra el griego. En el Masters, ya se sabe, un primer paso en falso suele tener fatales consecuencias y Thiem consiguió evitar el charco, pero su rodilla derecha le lleva a maltraer en esta recta final del curso y ayer volvió a avisar con algunas punzadas.

“Estoy superfeliz, porque lograr aquí una victoria siempre es especial, aunque la atmósfera es muy diferente…”, exponía ayer de forma telemática —este año, la acción transcurre con las gradas del O2 vacías y tampoco asisten periodistas—, con la sensación de haber ganado algo de tiempo, alivio, porque la articulación le advierte y le frena. Le impidió participar en París-Bercy y le amenaza ahora en Londres, aunque logró sacar adelante el estreno ante Tsitsipas (7-6(5), 4-6 y 6-3, tras 2h 18m) y de paso se sacó la espinita del año pasado, cuando el griego le privó del título en la final.

Poco tuvo que ver este último duelo con aquel, principalmente porque tanto uno como otro no atraviesan por su mejor momento y eso tuvo un claro reflejo en el juego, trabado y a trompicones, como si ninguno de los dos tuviese la convicción y el atrevimiento de ganar. “Es cierto, ha sido un partido de menos nivel. El año pasado tanto él como yo llegamos en muy buena forma al tramo final de la temporada y esta vez todo es distinto. Yo he jugado solo 30 partidos”, esgrimía el tenista que actualmente completa el podio de la ATP, por detrás de Novak Djokovic y Rafael Nadal.

“No creo que yo sea favorito aquí, aunque realmente pienso que este torneo puede ganarlo cualquiera. Es imposible hacer una predicción. Eso sí, ellos están un peldaño por encima de los otros seis jugadores”, prologaba el austriaco, más que satisfecho en este 2020 porque pese a la estrechez del calendario ha tenido tiempo para dejar huella y consagrarse como uno de las referencias del circuito masculino. Hace un par de meses elevó en Nueva York su primer grande y se destapó definitivamente, subrayando además otro aspecto: Thiem es mucho más que un terrícola.

De París al salto de Nueva York

Reconocido como un consumado especialista sobre tierra batida en su etapa inicial en la élite, su progresión en pista rápida señala una reconversión que él mismo admite. “A veces me siento incluso mejor en dura”, expresó en la antesala del torneo. “Así lo dicen los resultados. Desde 2019, mi juego se adapta mejor a la pista dura que a la arcilla”, ampliaba el discípulo de Massú, atendiendo a la hoja de servicios.

Doble finalista de Roland Garros (2018 y 2019) y dos veces semifinalista del grande francés (2016 y 2017), Thiem colecciona 17 trofeos individuales, de los cuales 10 se produjeron sobre arena y seis en dura. Sin embargo, su primer éxito de resonancia llegó el año pasado en el Masters de Indian Wells y sus tres últimos laureles (Pekín, Viena y el US Open) tienen el sello del cemento, terreno en el que además ha firmado la final del Masters, el ejercicio pasado, y la del Open de Australia, el pasado mes de enero.

“Lamentablemente, en esta burbuja casi no nos da el sol”, lamentó. “No recibes la energía de los aficionados y al final tienes que animarte tú solo. Eso agota mucho”, zanjó con 200 puntos más en el bolsillo por la victoria. También, renqueante por la rodilla que puede jugarle una mala pasada.

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