Tombuctú es nombre de mujer

Cuenta la leyenda que era la esclava más bella del Sahel. Pese a su origen humilde, era tal su elegancia, sus rasgos tan hermosos y su mirada tuareg tan insondable que, cuando sus amos le ordenaron vigilar diariamente un pozo en mitad del desierto, las caravanas de nómadas no solo se detenían allí para abrevar a sus camellos, también para admirarla. Aquella joven se llamaba Buktu. Con el paso de los siglos y el florecimiento de las rutas comerciales del Sáhara, que intercambiaban sal, telas y especias del norte por oro y diamantes del África negra, se levantó una ciudad alrededor del pozo. La belleza de aquella esclava tuareg no se olvidó: bautizaron aquel enclave como Tim-Buktu, el pozo de Buktu. Así nació Tombuctú.

A lo largo de la historia, la ciudad fundada oficialmente en el siglo V en el norte de Mali ha sido un terreno abonado a la leyenda, un lugar donde se funden la verdad y el mito incluso hasta perder la cordura: durante la fiebre colonialista europea del siglo XVIII, algunos de los mayores exploradores del mundo murieron en el intento de hallar Tombuctú, una suerte de El Dorado perdido en África, se creía, con calles de oro macizo y puertas de rubí y diamantes.

Una de las obras de la exposición 'Las Guardianas de Tombuctú', de Irene López de Castro
Una de las obras de la exposición ‘Las Guardianas de Tombuctú’, de Irene López de Castro (Irene López de Castro)

Aunque aquella ciudad de oro del desierto inundada en riquezas materiales nunca existió —era un notable enclave comercial, pero sus calles eran de arena y sus edificios de adobe—, Tombuctú sí fue un tesoro cultural: durante los siglos XV y XVI se convirtió en una de las capitales intelectuales y espirituales del Islam y un centro de sabiduría que atrajo a escribas, juristas y arquitectos. Sus bibliotecas, que conservan manuscritos con siglos de antigüedad, y las tres grandes mezquitas de Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahia son testigos de su edad de oro pasada.

Las Guardianas de Tombuctú, de la pintora madrileña Irene López de Castro, explora el valor de las mujeres como defensoras de la cultura e identidad a las puertas del Sahel

Pero más allá del mito y la historia en las puertas de desierto, existe una ciudad que hierve de vida y está habitada por gentes orgullosas de su identidad y su cultura. La exposición Las Guardianas de Tombuctú, de la pintora madrileña Irene López de Castro y que se expone estos días en el Reial Cercle Artístic de Barcelona, indaga en la esencia de la legendaria ciudad maliense desde un punto de vista singular: sus mujeres.

La exposición Las Guardianas de Tombuctú, de la pintora madrileña Irene López de Castro
La exposición Las Guardianas de Tombuctú, de la pintora madrileña Irene López de Castro (Àlex Garcia)

Para López de Castro, que viajó por primera vez a Mali en 1989, las mujeres de Tombuctú “estéticamente poderosas” son las principales “defensoras de la tradición” especialmente en un momento crítico por el avance del fundamentalismo en la zona. “Desde 2012, Mali está bajo el yugo yihadista. Esta exposición es un intento de poner a esas mujeres en primer lugar y reconocer su valor al defender su cultura”.

En la exposición de Barcelona, prorrogada dos semanas hasta el 22 de noviembre debido al éxito de público, la artista madrileña combina diversos materiales para presentar 70 obras sobre la ciudad y los pobladores a la orilla del río Níger. Así, nada más entrar al recinto, varios retratos sobre tablillas coránicas de madera reciben al visitante, que más tarde se encuentra con pinturas sobre pergamino, en piedras o incluso en bogolán, una técnica maliense que se sirve de barro fermentado para teñir a mano la tela. Para López de Castro, que ha expuesto en Francia, Italia, Mali o Corea del sur, el uso de diversos soportes responde a la necesidad de salir del lienzo y echar la mirada hacia atrás. “Todo en mi pintura —explica— tiene que ver con esa llamada ancestral. Huyo de la modernidad, de los materiales que no están ligados a la naturaleza”.

Un visitante de la exposición de Irene López de Castro
Un visitante de la exposición de Irene López de Castro (Àlex Garcia)

El director del Reial Cercle Artístic, Josep Félix Bentz, destaca la apuesta por una exposición “con una ejecución técnica impecable, pero que no se conforma simplemente con este hecho, sino que nos invita a indagar y descubrir, casi de forma subliminal, una infinidad de emociones, inquietudes y elementos que nos llevan a una profunda reflexión”.

La propuesta, que acerca un pedazo del mito de Tombuctú al corazón de Barcelona a través de escenas cotidianas, retratos enigmáticos y paisajes de ensueño, deja al salir un aroma de misterio en el aire. ¿Acaso alguna de las pinturas esconde el rostro de la bella esclava Buktú?

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