Trapiello honra al Madrid acogedor que no señala a “charnegos ni maquetos”

Andrés Trapiello vive cerca del barrio madrileño de Chueca. Un día, al volver a casa en el metro, coincidió en la salida hasta la calle con “dos chicas como de 16 años que, por su manera de vestir y sus pendientes y piercings, eran del extrarradio”. Nada más dejar la boca del metro y pisar la acera, las dos chavalas se dieron “un beso enorme y apasionado, un beso universal”, recuerda él. Y esa “libertad en grado sumo” que las dos adolescentes venidas de algún arrabal fueron a buscar ese día al barrio más sexualmente liberado de Europa es una de las características que el escritor subraya en su libro Madrid (Destino), que ayer presentó en el Consistorio de la capital.

“A Madrid hemos venido a que nos dejen en paz”, citó Trapiello al columnista Rafa Latorre para expresar la libérrima sensación que, como aquellas dos jóvenes, él y otros cientos de miles de madrileños de adopción suelen sentir al llegar allí desde algún pueblo pequeño o localidad de las afueras. Hablamos de “la ciudad que se presta a todo el mundo y donde no hay charnegos ni maketos”. Entre otras cosas porque dos tercios de sus habitantes son forasteros. Una urbe “híbrida y mestiza”, construida a base de aluviones de gente que no se conoce pero se comunica”.

Trapiello rememora el “beso universal” que dos chicas del extrarradio fueron a darse en Chueca, alegoría de la “libertad en grado sumo” que ve en Madrid

A lo largo de las 530 páginas, a medio camino entre el relato y la guía de viajes, Trapiello trenza la biografía de nueve siglos de historia de Madrid con los 45 años de su propia existencia en la villa. “Los vagabundos”, “La venta ambulante”, “Adiós a la Gran Vía”, “Todo es Romanticismo”, “El Madrid de la guerra” o el “de Pérez Galdós” son los títulos de algunos de los 24 capítulos del cuerpo central del libro, a los que luego se añaden 30 “retales” con temas como “Madrid y su historia” o sus reyes; Madrid y la gastronomía, el arte o el cine, la política y la prensa, o Madrid y la chulería. Más una galería de personajes relevantes como Goya, Larra, Fernández de los Ríos o Clara Campoamor.

Trapiello estaba a punto de terminar la obra, que le llevó cinco años, cuando en marzo sobrevino la pandemia. A ella le dedicó el retal titulado “Madrid y el coronavirus”. La crisis –reconoce– ha dejado en suspenso toda la “simpatía” y la “luminosidad” que él atribuye a la metrópoli. Pero esa alegría volverá más pronto que tarde, opina. Pues “no hay pesadilla que dure más de dos días” y Madrid “sabe sobreponerse y es consciente de que un exceso de memoria daña la vida”.

El autor sitúa su relación con Madrid entre los días de infancia en que aprendió los nombres de algunas calles con el Palé y las fechas recientes en que formó parte del comisionado creado para cambiar parte de esos nombres

Andrés Trapiello, nacido en 1953 hace 67 años en la localidad leonesa de Manzaneda de Torío, sitúa su relación completa con Madrid entre los días de infancia en que se aprendió los nombres de algunas de sus calles, jugando al Palé –el actual Monopoly–, y las fechas recientes en que formó parte del Comisionado de la Memoria Histórica creado por el Ayuntamiento para cambiar parte de esas denominaciones. Sobre los actuales trámites para renombrar las dedicadas a políticos socialistas de la República a instancias de Vox, el autor lamenta que se haya metido en el mismo saco a Indalecio Prieto, “que merece seguir ahí” y a Largo Caballero, “que nunca debió estar”. A su entender, en las ciudades “sí hay que remover el pasado”. Y como ejemplo señaló que en Madrid “sería insoportable tener una estatua de Franco”.

En la presentación iba a estar la delegada municipal de Cultura. Andrea Levy. Pero la política del PP, muy criticada por sus recientes broncas con ediles de la oposición, no asistió. En su lugar se coló la vicealcaldesa Begoña Villacís, de C’s. Muy propio del Madrid de hoy.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *