Trump retirará tropas en Afganistán e Irak antes de dejar la Casa Blanca

Benjamin Netanyahu con Trump, Pence y Pompeo, en la Casa Blanca, el pasado enero.

Trump, antes de ofrecer una comparecencia este viernes 13 de noviembre.
Trump, antes de ofrecer una comparecencia este viernes 13 de noviembre.Chris Kleponis / POOL / EFE

Transcurrida casi una semana desde la declaración de Joe Biden como ganador de las elecciones en Estados Unidos, y pese a que los resultados definitivos otorgan al demócrata una amplia victoria, Donald Trump sigue manteniendo la orden de que nadie de su Administración coopere con el equipo de transición, pese a estar obligado por ley. La negativa al relevo por parte de Trump, que insiste en que ha ganado los comicios, genera riesgos de seguridad para el país y obliga al equipo de Biden y su vicepresidenta, Kamala Harris, a trabajar en precario en un momento sanitario crucial, con más de 10 millones de afectados por la covid-19.

En el país de las siglas, cada vez un mayor número de senadores republicanos insisten en que, al menos, Joe Biden tenga acceso al conocido como PDB (President’s Daily Brief), el informe diario que cada mañana recibe el mandatario de Estados Unidos en el que se dibuja un mapa de las amenazas a la nación, lo que le permite elaborar planes al respecto. A estas alturas, compartir esa información con el presidente electo ya no es un asunto político, es una cuestión de seguridad nacional. El veto republicano impide, además, liberar los fondos previstos para lograr un traspaso de poder ordenado (algo más de seis millones de dólares).

Ejemplos anteriores atestiguan la importancia de una transición de Gobierno adecuada para garantizar la seguridad del país. La Comisión que investigó los ataques terroristas del 11 de septiembre concluyó que la brevedad del relevo que se produjo en 2000, debido al recuento electoral de Florida, que a su vez retrasó la designación del presidente, dificultó la capacidad de la Administración de George W. Bush para lidiar con los planes de Al Qaeda y reaccionar a los atentados que en 2001 cambiaron el mundo. Según recuerda el diario The New York Times, pocos días antes de su toma de posesión, George W. Bush confesaba a un reportero de ese periódico en su rancho de Texas el riesgo que entrañaba que los informes y las reuniones hubieran tenido que acortarse.

En opinión del senador demócrata Chuck Schummer, “cada día que los republicanos en el Senado consienten al presidente en su delirio de que no ha perdido las elecciones están minando la fe en nuestra democracia, poniendo la seguridad nacional en riesgo e impidiendo que se den respuestas a la crisis económica y de salud por el coronavirus”. Es de imperiosa necesidad que Biden y sus más cercanos colaboradores tengan acceso al PDB. Así lo declara la senadora republicana Susan Collins, quien considera que recibir esa información de inteligencia es quizá “una de las partes más importantes de la transición”.

Pero se ha roto el protocolo, algo nada extraño en la era Trump. Hace cuatro años, el equipo del presidente saliente Barack Obama estaba listo para entregar informes e incluso presentar simulacros de posibles crisis (lo que incluía una pandemia de gripe). Al contrario de lo que los demócratas reclaman ahora, en 2016 los asesores de Trump no tuvieron interés en la documentación y en los testimonios que la Casa Blanca demócrata les traspasaba.

John Kerry, secretario de Estado con Obama, nunca se reunió con su sucesor, Rex Tillerson, porque sencillamente este último no veía ningún aliciente en el encuentro. Michael Flynn no se sentó con Susan Rice, su predecesora como consejera en asuntos de seguridad nacional. Flynn fue expulsado por Trump antes de cumplir un mes en el puesto con uno de sus famosos mensajes de “estás despedido”.

Reuniones en terrazas

En estos días en que la pandemia impone las normas sociales y de seguridad, las más de 500 personas que —entre asesores, expertos y antiguos miembros de pasadas administraciones— componen los integrantes del equipo de transición de Biden-Harris se ven obligados a reunirse en terrazas de café y trabajar con aplicaciones de Internet que salvaguarden la confidencialidad de sus conversaciones, ya que la Casa Blanca de Trump les ha negado el acceso a comunicaciones seguras a través de canales del Departamento de Estado o de Defensa.

Los casi 78 años de Biden —más de la mitad de ellos en los círculos del poder de Washington— constituyen una ventaja en esta complicada transición. El presidente electo fue durante 17 años presidente o miembro del Comité del Senado de Asuntos Exteriores, lo que implica que hay pocas cosas que le puedan tomar por sorpresa. Excepto una: cuatro años de Administración Trump. “El verdadero riesgo es que no sabemos lo que no sabemos”, según expone sin ambages un asesor de Biden citado por el Times, dadas las continuas entradas y salidas de personal en la Casa Blanca.

Para John Podesta, quien copresidió el equipo de transición del presidente Obama en 2007-2008, las maniobras obstruccionistas de Trump son “muy peligrosas”. Entre ellas, este avezado asesor cita el manejo de la pandemia y sus decenas de miles de muertos como una de las prioridades que va a tener que enfrentar la nueva administración. Además, Podesta cuenta con el hecho de que los demócratas descubrirán “campos de minas” dejados por el Gobierno saliente para los que habrá poco tiempo para reaccionar una vez estén en el poder el mediodía del 20 de enero de 2021.

Mientras que Trump sigue sin aceptar que ha sido presidente de un solo mandato, son pocos, pero cada vez más quienes dentro de las filas republicanas piden que se reconozca la victoria de Biden. “No creo que se pueda encontrar a un solo miembro del Congreso que realmente piense que existe una posibilidad de que Donald Trump sea el próximo presidente de Estados Unidos”, explicaba Podesta en la radio pública. “Y sin embargo le respaldan, quizá porque le tienen miedo”, aventuraba el asesor, que pese a todo augura que Trump “tendrá que abandonar la Casa Blanca”.

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