Trump sigue agitando el fantasma de la conspiración mientras se cierra el plazo para disputar los resultados

Rudy Giuliani, durante la rueda de prensa de este jueves en Washington para presentar supuestas pruebas de fraude electoral.

El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, se colocó este lunes en fila con el resto de los cargos republicanos de Washington para defender la negativa de Donald Trump a reconocer el resultado de la elección del pasado martes, que perdió contra Joe Biden. La ruptura con la tradición democrática de conceder la derrota y colaborar con el ganador de unas elecciones pasa así de ser una extravagancia a ser la posición oficial del Partido Republicano. McConnell es el republicano más poderoso de Washington y este lunes defendió el derecho del presidente a presentar acciones legales para poner en duda el resultado.

En un discurso en el pleno del Senado, McConnell presumió de que los republicanos han conseguido defender momentáneamente su mayoría en el Senado y han conseguido reducir la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes “de una forma que ha asombrado a los pronósticos”. Los republicanos solo han perdido un escaño neto en el Senado y han avanzado al menos cinco escaños en la Cámara. Pero sobre la elección presidencial dijo que “ningún Estado ha certificado aún sus resultados electorales”.

Las papeletas para elegir a esos senadores y para elegir al presidente eran las mismas. Los Estados tienen cada uno su propia fecha límite para certificar los resultados. Delaware lo hizo el 5 de noviembre. El último es California (22 millones de votos), que tiene como fecha límite el 10 de diciembre para terminar de contarlos.

“Tenemos uno o dos Estados que van camino de un recuento”, añadió McConnell. Es muy probable que el resultado en Georgia sea tan ajustado que requiera de un recuento. Los recuentos en EE UU a veces han encontrado errores, pero suelen reducirse a unas pocas papeletas. Jamás han cambiado un resultado electoral. Y además, Georgia es irrelevante para los números finales de Biden sobre Trump.

“Creo que el presidente está presentando acciones legales en al menos cinco Estados”, terminó de argumentar McConnell. Trump pretende presentar demandas en Nevada, Arizona, Georgia, Michigan y Pensilvania. Todas las que ha presentado hasta el momento han sido rechazadas en primera instancia, menos una puramente procedimental en Pensilvania que no tiene que ver con el escrutinio.

“El principio central aquí no debería ser complicado. En Estados Unidos, se deben contar todos los votos legales, cualquier voto ilegal no se debe contar, el proceso debe ser transparente y observable para todos y los tribunales están para resolver las dudas”. McConnell repitió en el Senado sus últimas palabras sobre este asunto, escritas en un tuit el viernes, un día antes de que las proyecciones de todos los medios de Estados Unidos dieran como ganador a Joe Biden. “El presidente tiene al 100% el derecho de examinar las acusaciones de irregularidades y estudiar sus opciones legales”.

McConnell asume así el lenguaje de Trump, pero solo en su aspecto más evidente. En sus palabras no asume las denuncias de fraude ni robo de las elecciones, algo de lo que nadie ha presentado la más mínima prueba durante una semana. Con sus declaraciones, queda garantizado que los principales republicanos con poder en Washington seguirán coreando la teoría de la conspiración lanzada por el presidente para negarse a aceptar el resultado de la elección.

Otros republicanos, como el senador Mitt Romney, o el último presidente republicano antes de Trump, George W. Bush, han felicitado a Biden en el momento que hubo un consenso entre las proyecciones de los medios, como es tradición.

El líder republicano atacó entonces a los demócratas diciendo: “Que no nos den lecciones sobre cómo el presidente debería aceptar alegremente el resultado de la elección los mismos personajes que se han pasado cuatro años poniendo en duda la elección anterior”, en referencia a las investigaciones, basadas en informes de inteligencia, que los demócratas han promovido sobre la interferencia de Rusia en las elecciones de 2016.

El Senado es el último espacio de poder que les va a quedar a los republicanos en Washington el año que viene. McConnell se presenta a sí mismo como el último dique ante una supuesta ola izquierdista. Esa mayoría está en peligro. Las dos elecciones al Senado por Georgia se tienen que resolver en una segunda vuelta que se celebrará el 5 de enero. Donald Trump ha sacado al menos 71 millones de votos y los republicanos necesitan mantener a esas bases activas y movilizadas al menos dos meses más para defender su mayoría.

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