Un Botticelli, subastado hoy en Nueva York por 92,1 millones de dólares

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La sala Sotheby’s desafía a la crisis y ha sacado a subasta hoy en su sede de Nueva York (la venta se ha podido seguir en directo online) «Retrato de un joven sosteniendo un medallón», de Sandro Botticelli. Es uno de los retratos más importantes que han aparecido hasta la fecha en el mercado. Partía con una estimación de 80 millones de dólares y finalmente se ha rematado en 92.184.000 dólares. Su importancia es equiparable, según la firma, al «Retrato de Adele Bloch-Bauer II», de Gustav Klimt (vendido en 2006 por 87,9 millones de dólares) y el «Retrato del Dr. Gachet», de Van Gogh (rematado en 1990 por 82,5 millones). Su anterior récord lo ostentaba la «Madonna Rockefeller», vendida en 2013 por 10,4 millones de dólares.

En la Italia del Renacimiento temprano, Botticelli representó a sus retratados con una franqueza y una perspicacia sin precedentes, décadas antes de que Leonardo da Vinci pintara su Mona Lisa. Botticelli fue celebrado en vida y solicitado por los mecenas más ricos. Pero, aunque creó algunos de los retratos más importantes de la historia del arte occidental, hoy solo han sobrevivido una docena: casi todos se hallan en los principales museos del mundo.

Autor de obras maestras como «El nacimiento de Venus» y «La Primavera», es en sus retratos donde Botticelli abre una ventana al mundo de la Florencia renacentista. El que ha salido hoy a subasta «resume las virtudes intelectuales, cortesanas y humanistas que definen el Renacimiento italiano», según Chistopher Apostle, jefe del Departamento de Pintura Antigua de Sotheby’s Nueva York. Es comparable en calidad, dicen en la sala de subastas, con los mejores retratos de Botticelli: «Retrato de un joven con la medalla de Cosimo de Medici», de los Uffizi en Florencia, y el «Retrato de Giuliano de Medici» de la National Gallery de Washington, todos ellos realizados a finales de la década de 1470 o principios de la de 1480, cuando Botticelli estaba en su apogeo y se embarcaba en su serie de obras mitológicas y de gran escala.

En el cuadro vendido hoy, la identidad del apuesto joven noble retratado, que rondaría la veintena, es un misterio. En el pasado se sugirió que es Giovanni di Pierfrancesco de Medici, cuyo hermano Lorenzo fue un importante mecenas de Botticelli. Aunque no hay evidencia definitiva de esta identificación, Botticelli pintó retratos de miembros de la familia Medici y su círculo. El joven sostiene en la mano un pequeño medallón que representa a un santo barbudo, que carece de atributos iconográficos identificables y solo se ve su mano derecha, levantada en un aparente gesto de bendición. Es una obra original del siglo XIV atribuida al pintor sienés Bartolomeo Bulgarini, que se insertó un siglo después en el cuadro de Botticelli. Es un fragmento de una obra más grande, quizás parte de un retablo u objeto devocional. Su significado está por descodificar, pero debe de estar relacionado de alguna manera con la identidad del joven noble que lo exhibe con tanto orgullo.

El cuadro se halla en muy buen estado de conservación. Encarna los mayores logros de Sandro Botticelli como retratista. Elogiado por el gran erudito del Renacimiento italiano John Pope-Hennessy como «un gigante entre los retratistas». retrata a un atractivo joven, de medio cuerpo. Su largo cabello dorado, peinado con raya en el centro, enmarca los delicados rasgos de su rostro. Su figura es esbelta y fuerte. Posa con confianza.

El retrato de Botticelli es un temple sobre panel de álamo, de 58,4 por 39,4 centímetros. El maestro utilizó como pigmentos blanco de plomo, tierras ocres, rojo bermellón, plomo-estaño amarillo y negro carbón, así como el lago rojo más costoso. Para el azul, eligió el ultramar, un pigmento tan caro como el oro. Los rayos X e infrarrojos revelan un gran dibujo subyacente que difiere en muchos detalles del cuadro terminado: el cabello se alargó hasta los hombros, se hicieron cambios en el cuello de su túnica… Este proceso de revisión continua es sintomático de la búsqueda de la perfección, sello distintivo de su arte.

Propiedad de una importante colección privada, si bien los números de inventario antiguos en el reverso parecen indicar propietarios anteriores de los siglos XVII y XVIII, el primer registro que se conserva es de la década de 1930 en la colección de Lord Newborough, en Glynllifon Park (Caernarfon, al norte de Gales). Se cree que fue adquirido por su antepasado Sir Thomas Wynn, primer Lord Newborough (1736-1807) mientras vivía en Florencia. Se cree que posiblemente lo recibió como regalo de Leopoldo II, gran duque de Toscana. De ahí pasaría a varias generaciones de descendientes hasta que, posiblemente a través de un agente intermediario, al comerciante de Londres Frank Sabin se hace con el cuadro hacia 1935. En 1941 lo vendería al reconocido científico y coleccionista británico Sir Thomas Ralph Merton.

Kenneth Clark, entonces director de la National Gallery de Londres, apoyó su atribución a Botticelli y lo elogió como «uno de los mejores retratos del siglo XV que he visto en el mercado». Merton era un gran entendido en arte. Halló su pasión coleccionista tras visitar museos de Europa con su hijo John, quien se convertiría en un artista consumado. Tras su muerte en 1969, su colección pasó a su esposa, Violet Marjory. Esta falleció en 1976. Muchas de las pinturas de la colección salieron al mercado a través de un fideicomiso. El Botticelli salió a subasta en Christie’s de Londres el 10 de diciembre de 1982 como «Retrato de Giovanni di Pierfrancesco de Medici». Lo adquirió el propietario actual por 810.000 libras esterlinas.

Gran parte del discurso crítico del siglo XX sobre el artista pasó por alto esta pintura, incluidos los estudios monográficos de Roberto Salvini (1958) y Gabriele Mandel (1970). Roberto Longhi introdujo por primera vez una posible atribución a Francesco Botticini, mientras que Ronald Lightbown la incluyó como pintura atribuida a Botticelli o taller. Hoy es amplio el consenso entre los especialistas acerca de la autoría a Botticelli.

En los últimos 50 años, la pintura ha estado cedida durante largos periodos en la National Gallery de Londres (24 de noviembre de 1969-17 de febrero de 1978), el Metropolitan Museum de Nueva York ( 26 de febrero de 1987-24 de enero de 1989) y la National Gallery de Washington (19 de abril de 1990-15 de mayo de 2013. También ha ocupado un lugar destacado en importantes exposiciones en el Royal Academy de Londres, la National Gallery de Washington y el Städel Museum de Fráncfort.

«Abraham y los ángeles», de Rembrandt – REUTERS

Un Rembrandt, retirado «in extremis»

Otra de las joyas de la subasta de hoy en Sotheby’s Nueva York era «Abraham y los ángeles», de Rembrandt. Con sólo 16,1 por 21,1 centímetros, es un óleo sobre tabla que se halla entre las mejores obras del artista que han salido al mercado. La pintura apareció por última vez en una subasta en Londres en 1848, cuando se vendió por 64 libras, y ahora regresaba al mercado, con una estimación de entre 20 y 30 millones. Pero, apenas unas horas antes de la venta, Sotheby’s anunciaba en su web que el cuadro había sido retirado.

La obra fue la estrella de una exposición en la Frick Collection de Nueva York. El pasado verano, Sotheby’s estableció un nuevo récord en subasta para un autorretrato de Rembrandt: 18,7 millones de dólares. En diciembre de 2018, el Louvre Abu Dabi adquirió «Cabeza de un joven con las manos juntas: estudio de la figura de Cristo», también de Rembrandt, por 12,1 millones.

La pequeña tabla ha permanecido en manos privadas durante más de siglo y medio. Es una de las pinturas más documentadas del artista y tiene la particularidad de no haber sido nunca puesta en duda su autoría. Según Ernst van de Wetering, experto en la obra de Rembrandt, este cuadro, firmado y fechado en 1646, «tiene el carácter inconfundiblemente rembrandtesco en su concepción y ejecución». Casi con toda seguridad se trata del «Abraham con los tres ángeles» de Rembrandt que se describió en una transacción entre dos comerciantes en Amsterdam en 1647, un año después de la ejecución del cuadro.

Después de cambiar de manos ese año, la pintura aparece en la colección de uno de los alumnos más destacados de Rembrandt, Ferdinand Bol. Posteriormente, se registra en la colección de Jan Six (1617-1700), descendiente del conocido comerciante del mismo nombre que fue amigo y mecenas de Rembrandt. A principios del siglo XIX era propiedad del famoso artista expatriado estadounidense Benjamin West. Tras pasar por varias colecciones con pedigrí, fue adquirido para la reconocida Colección Pannwitz de maestros holandeses, donde permaneció durante más de 75 años.

Rembrandt es conocido por sus pinturas bíblicas, pero solo 29 de las más de 300 que realizó representan escenas extraídas del Antiguo Testamento. Este panel revela un pasaje del Génesis: el momento en que Abraham, que ofreció alimento a tres desconocidos, reconoce que dos de ellos son en realidad ángeles, y que el tercero es el mismo Señor, indicado aquí por la figura luminiscente de un ángel que es la fuente principal. de luz en la escena. Es el instante en que Dios se revela a Abraham y profetiza que su anciana esposa, Sara, dará a luz un hijo dentro de un año. Este hijo se convertiría en Isaac, el patriarca de los israelíes.

Era la última oportunidad de adquirir una pintura de una narración bíblica del Antiguo Testamento de Rembrandt. Sólo hay otra en manos privadas. Permanece en una colección privada en el Reino Unido y está sujeta a la protección del patrimonio británico. Como curiosidad, Lucian Freud, que admiraba mucho a Rembrandt, estudió esta pintura durante tres meses en su estudio en 2007. Intentó emularla en un grabado, pero abandonó el intento al darse cuenta de que era imposible mejorar lo que había hecho Rembrandt.

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