Un espejo de 140 años de cultura visual

Las 50.000 ediciones que cumple hoy La Vanguardia reflejan un recorrido amplio y diverso donde se puede observar tanto la evolución de la tecnología de las artes gráficas como el impacto de los cambios de la cultura visual de nuestra sociedad a lo largo de casi 140 años.

Recorrer su casi siglo y medio de vida es lanzar la mirada a una historia visual que encuentra rápidamente tres etapas principales. La primera, de 1881 hasta 1929, es la de fundación y consolidación. La segunda etapa, de 1929 hasta finales de los años 1980, es la del despliegue y adopción de la tecnología y los formatos periodísticos más avanzados del momento, y una tercera etapa, que arranca en 1989, incorpora la impresión en color y la entrada plena del diseño gráfico en la diagramación de las páginas del diario, en continua evolución desde entonces y que llega hasta hoy.

En su primera etapa La Vanguardia se realizaba con la cultura tipográfica propia de la confección de libros, que venía determinada por el gusto de los editores o los jefes de taller, dando un aspecto visual muy rígido donde la forma no ayudaba a una jerarquización adecuada del contenido. La imagen del diario era, en consecuencia, densa y compacta, solo rota por las esquelas que ocuparon las primeras páginas del periódico hasta los años veinte del siglo pasado, y por los pequeños anuncios comerciales en el interior que incluían algún que otro grabado determinado por los procedimientos técnicos del momento.

‘La Vanguardia’ ha innovado teniendo como principal referencia a la prensa anglosajona

La segunda etapa llega a partir de 1929 con la incorporación del huecograbado, lo que permitirá la reproducción de fotografías, haciendo que el aspecto del diario cambie profundamente de la mano de imágenes de gran calidad.

Ya a finales de 1985 es cuando La Vanguardia sustituyó totalmente la impresión tipográfica por los sistemas más modernos de impresión offset color. Es así que el diario estaba preparado, técnicamente, para acometer un cambio, y apenas le faltaba un rediseño que aunara claridad informativa con un lenguaje gráfico contemporáneo, aprovechando la calidad y las prestaciones de la nueva rotativa. Para esta tarea se eligió el estudio de diseño de Walter Bernard y Milton Glaser de Nueva York. Y como explicó Carlos Pérez de Rozas en un artículo publicado con motivo del 125 aniversario del diario, “fue un gran acierto pues en aquel momento –años ochenta–, la prensa española imitaba la imagen de El País, creada por el alemán Reinhard Gäde, cuya influencia marcó la tendencia de los diarios a seguir el modelo centroeuropeo”. En ese contexto, el proyecto de La Vanguardia fue innovador, porque su referencia estuvo en la prensa anglosajona, y muy especialmente en la norteamericana.

El 16 de octubre de 1929 se sumaba un cuadernillo diario de información gráfica impreso en huecograbado.
El 16 de octubre de 1929 se sumaba un cuadernillo diario de información gráfica impreso en huecograbado. (No Disponible)

Las novedades (y mejoras) fueron múltiples. Desde el tratamiento de la tipografía a la arquitectura de las páginas, en las que se rompía la continuidad de la lectura con destacados, despieces, fotografías, infográficos e ilustraciones a toda pagina. También la apuesta por un cuadernillo central en papel salmón denominado Revista, que se abría con un amplio reportaje y facilitaba la información de servicios. Otra apuesta valiente fue la portada, que se dividió en horizontal en tres claros pisos informativos, con un protagonismo especial para el titular principal, que aumentó sustancialmente de tamaño para poder competir día a día en el escaparate de los quioscos. El punto final fue el rediseño de la cabecera del diario, que mantuvo los mismos perfiles pero más compactados, al juntar tres parejas de caracteres y añadírsele una pastilla azul, denominado desde entonces “azul prestigio”. La inclusión de este color en la cabecera fue uno de los guiños de Milton Glaser a los lectores. Lo explicó así: “Si La Vanguardia entra en la era del color, qué mejor plasmación que se aprecie diariamente ya, incluso, en su propio nombre, en su imagen de marca”.

Pero la evolución no termina ahí. Es constante. En el 2007 se realiza un rediseño de La Vanguardia que no altera su espíritu al profundizar en el diseño de 1989 de Milton Glaser, cambiar de rotativa con más capacidad para el color, reducir el formato y, sobre todo, adecuarse a las nuevas tendencias de la información.

La edición del 15 de octubre de 1929 fue la última con esquelas en la portada.
La edición del 15 de octubre de 1929 fue la última con esquelas en la portada. (.)

Gracias a todo ello es que han llegado premios y reconocimientos. Los aspectos visuales del diario han acumulado innumerables distinciones por la excelente puesta en página, por la infografía, la fotografía e ilustración. En el 2004 fue distinguido como el diario mejor diseñado del mundo por la Society for News Design.

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