Un plan para que Barcelona salga del abismo

Junio suele ser el mes de las expectativas. Las primeras cenas bajo las estrellas, las vacaciones aún intactas, la música que se filtra por las ventanas… Declaró una vez Mick Jagger que no conocía sensación más excitante que hacer una gira por Europa con los Rolling Stones a las puertas del verano. En Barcelona, ciudad mediterránea y festivalera, junio siempre ha sido un mes lleno de estímulos. Y todo apunta a que en el 2021 podría y debería serlo aún más. Por diversas razones.

Los ritmos de la pandemia han obligado a desplazar a junio las dos ferias de mayores dimensiones que se organizan en la ciudad: el Mobile World Congress (MWC) y la nueva Integrated Systems Europe (ISE), que llega a la capital catalana procedente de Amsterdam. Hace solo unos meses, sus máximos responsables, John Hoffman y Mike Blackman, confiaban en que sus eventos ayudaran al reinicio de Barcelona en sus fechas previstas de febrero.

En diferentes entrevistas, expresaban el anhelo de que sus respectivos salones sirvieran para lanzar al mundo el mensaje de Barcelona is back , un año después de declararse la pesadilla de la Covid-19.

No ha podido ser. En febrero, por razones obvias, Barcelona no estará aún de vuelta. Todo el mundo espera ahora que sea el mes de junio de 2021 el que señale un antes y un después. Ya sea por el desarrollo de la vacuna, por la eficacia de las políticas de testeo y rastreo o porque el virus ya no dé más de sí. Y si no es así, habrá que seguir postergando el reset hasta que sea factible.

El MWC y la feria ISE se desplazan, como ya se ha anunciado, a unas nuevas fechas en junio, que en el panorama ferial de Barcelona es el mes del festival Sónar de música avanzada y del Sónar+D, dedicado a la innovación y a los profesionales del sector. Dado que nadie espera que estas ferias tengan en 2021 la dimensión que alcanzaron en 2019 –el que viene será inevitablemente un año de transición– debería ser posible encontrar un acomodo para todos.

Concierto de Morad en el festival Sónar Online celebrado en septiembre / SÓNAR+D / CCCB
Concierto de Morad en el festival Sónar Online celebrado en septiembre / SÓNAR+D / CCCB

Sería injusto que un certamen con dos décadas de historia como es el Sónar fuera de nuevo sacrificado por ser, de todos, el menos convencional. En 2019 ya tuvo que exiliarse a la segunda quincena de julio para dejar sitio a una feria de maquinaria textil, lo que mermó su capacidad de atraer público –y talento– a la ciudad.

La confluencia en el mes de junio de MWC, ISE, Sónar y Sónar+D, en cualquier caso, brinda a Barcelona una oportunidad irrepetible: no hay ciudad que concentre en el mismo espacio y tiempo los certámenes más sobresalientes en conectividad, desarrollo audiovisual y tecnología aplicada a la música popular.

De esta confluencia deberá salir, es de esperar, una propuesta de nuevo patrón de feria para un futuro condicionado por la dificultad de viajar. Algo así como un modelo Barcelona de congreso donde la tecnología más avanzada y la calidez de una ciudad que todo el mundo quiere visitar den lugar a un modelo global de éxito. Con la aportación, habitualmente canalizada a través del salón 4YFN, de Barcelona Tech City, que en febrero del 2020 ocupó el hueco dejado por el Mobile.

Junio, además, es un mes de festivales emergentes o consolidados que pueden completar esa oferta multidisciplinar. Sin apartarnos de la tecnología aplicada a la cultura, en junio se celebra el Gamelab, salón del videojuego que se ha convertido también en un foro internacional de debate profesional sobre el entretenimiento interactivo. Pese a todas las dificultades impuestas por la pandemia, sus responsables lo tienen claro: “No contemplamos un panorama en el que no se celebre el Gamelab 2021”.

Hay editores interesados en una réplica del Sant Jordi a las puertas del verano

Hay más. Junio es el mes del Festival de la Ciència, que ha ganado peso en la agenda de la ciudad en los últimos años. Y el del arranque del Grec y el festival de Pedralbes; el de Sant Joan, el del Primavera Sound –con su vertiente profesional añadida– y el del Barcelona Gay Pride.

Y podría ser también el mes en que se celebrara una réplica del último Sant Jordi de circunstancias, una especie de tarde/noche de las librerías orientada a la compra del libro de las vacaciones que se celebraría dos meses después del Sant Jordi habitual. Hay editores interesados en que en 2021 se plantee esta opción, ya sea a finales de junio o a principios de julio, a la vista del buen resultado conseguido en la última edición.

Y a las puertas de junio, en mayo, hay que contar con la Nit dels Museus, con Barcelona Poesia o con el foro internacional sobre el futuro del trabajo anunciado por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.

(El autor anima a los lectores y lectoras a indicar qué otros festivales o eventos relevantes se prevé celebrar en el mes de junio en Barcelona)

Todas las ciudades globales tienen sus bazas a jugar en el nuevo escenario de competencia que se abrirá cuando se alivie la presión de la pandemia sobre los sistemas de salud. Pero una promoción adecuada de las ventajas del junio barcelonés podría servir no solo para decirle al mundo que la ciudad está de vuelta después de ser una de las más golpeadas por el virus –un mensaje muy necesario en el umbral de la nueva temporada turística–, sino también para estimular la autoestima de la propia ciudadanía.

No habría que forzar alianzas contra natura, sino agrupar eventos y festivales bajo un lema ilusionante

Es obvio que no hay que esperar hasta junio para reactivar Barcelona. Cada representación teatral, cada sesión de cine, cada pequeño congreso, cada evento ferial, cada concierto, cada apertura o reapertura de un comercio y cada acto literario de los que tienen lugar estos días son en sí mismas manifestaciones de resistencia.

Pero sería decepcionante perder la oportunidad de que la ciudad, más allá de atender la emergencia social, pueda asomarse de nuevo al mundo. Sin necesidad de forzar alianzas contra natura entre los diferentes eventos y festivales. Bastaría con articular por encima de ellos un discurso, un paraguas que sirva para agruparlos con un mismo propósito: formular ese mensaje tan necesario de vuelta a la normalidad. Barcelona is back, podría ser un lema.

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