Un público melómano a prueba de pandemia en la Schubertíada de Vilabertran

Festivales como la Schubertíada de Vilabertran están demostrando que es más difícil ponerle puertas al campo a la cultura que al propio coronavirus. Especialmente si se trata de la gran cultura clásica europea. Por mucho que el Gobierno de Boris Johnson obligue a cumplir cuarentena a quien viaje a España –cosa que ha impedido que acuda a este festival el pianista británico Malcolm Martineau–, o por mucho que Holanda nos aplique el código naranja y nos prohiba siquiera concluir la grabación de un disco –como les ha sucedido a los Quiroga, el cuarteto que ayer debutó en Vilabertran–, al final las salas de conciertos son una prueba contundente de que la correa de contagio cultural es incluso más expansiva que la de este virus.

Artistas alemanes y austríacos actuarán en los próximos días en el festival de lied; su países se conforman con un PCR

Por el momento, artistas alemanes y austríacos actuarán en los próximos días en esa cita ampurdanesa con el lied y la música de cámara. Sus países se conforman con que se hagan un PCR volviendo de España. Nada les ha detenido. Incluso hay alguno que hace el viaje en coche, con lo cual accediendo desde Francia no es sospechoso de contagio. Si la cultura fuera el pegamento de Europa, no habría Covid-19 que pudiera poner en peligro su unión.

Estos y otros pensamientos asomaban ayer en la entrada de la canónica de Santa Maria de Vilabertran, en la que el público –menos abundante pero igualmente militante– seguía, mascarilla en ristre, las instrucciones de ingreso escalonado. En sus miradas había emoción, incredulidad y agradecimiento: una parte de sus vidas podía seguir adelante. Y esa parte era nada menos que la Schubertíada de Vilabertran, el edén de la música de cámara que para esta afición incondicional a prueba de pandemia marca el punto y final del verano agosteño en el Empordà.

Aitor Hevia y Cibrán Sierra (violines), Josep Pujades (viola) y Helena Poggio (violonchelo), anoche en la canónica de Santa Maria de Vialbertran. Los Quiroga tocaron de motu propio con mascarilla
Aitor Hevia y Cibrán Sierra (violines), Josep Pujades (viola) y Helena Poggio (violonchelo), anoche en la canónica de Santa Maria de Vialbertran. Los Quiroga tocaron de motu propio con mascarilla (Eddy Kelele/ Nord Media)

Antes de que comenzara a sonar el Cuarteto para cuerdas en Re bemol mayor, op. 24/3, de Boccherini, el Cuarteto Quiroga era recibido con calor por 130 espectadores, la cantidad que permite la iglesia con aforo reducido. Hubo además algunas bajas, pero el aplauso era el más entrañable que hayan escuchado las paredes de esta canónica que, por cierto, relucía como los chorros del oro tras la preceptiva limpieza y desinfección.

Con el escenario más bajo y dispuesto de manera que los presentes le rodeaban por todas partes menos por una, la Schubertíada se acercaba al aire de los salones en los que el propio Schubert tocaba en familia. Incluso había una lámpara de pie… La sensación de seguridad hacía posible un cierto relax de cara al disfrute del concierto.

Con el escenario más bajo y dispuesto de manera más central, la Schubertíada se acercaba al aire de los salones en los que el propio Schubert tocaba en familia

Y aunque el festival no se lo había pedido, los Quiroga tocaron con mascarilla, con alguna dificultad de empañamiento de gafas… Pletóricos, en estado de gracia –era el tercer concierto del verano para una formación que fue Premio Nacional de la Música 2018–, dieron la bienvenida a continuación a la cellista alemana Erica Wise, con la que han desarrollado una gran amistad musical y un notorio entendimiento, a juzgar por la intensidad con la que interpretaron el extraordinario quinteto para dos cellos de Schubert –Quinteto para cuerdas en Do mayor, D. 956–.

El Cuarteto Quiroga interpretó Boccherini y el Quinteto con dos cellos de Schubert junto a la cellista Erica Wise
El Cuarteto Quiroga interpretó Boccherini y el Quinteto con dos cellos de Schubert junto a la cellista Erica Wise (Eddy Kelele/ Nord Media)

La cellista de la formación, Helena Poggio, se confabuló con Wise para sumergir al público en ese abismo de profundidad y nobleza que es Schubert en su etapa tardía, ahondando en la muerte y la finitud. Romanticismo vienés que cobra otro sentido en la era pandémica, especialmente en este festival de melómanos para melómanos, en el que el silencio durante la interpretación es absolutamente sepulcral. Como despedida, un regreso a Boccherini con su famoso Minueto del Quinteto núm.5.

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