Vargas Llosa: «El coronavirus tardará tiempo en convertirse en materia prima literaria de calidad»

Un momento del diálogo entre Frank-Walter Steinmeier (izquierda) y Mario Vargas Llosa en Berlín – EFE

Vargas Llosa: «El coronavirus tardará tiempo en convertirse en materia prima literaria de calidad»

El Nobel mantuvo un diálogo con el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, en la Filharmonie de Berlín

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Mario Vargas Llosa confiesa que ha vivido el confinamiento con cierto alivio. Los actos se cancelaban, los periodistas dejaban de molestar y él disponía de tiempo para retomar libros «que me han marcado profundamente», como «Guerra y Paz» de Tolstói o el «Ulises» de Joyce, por lo que se le ha hecho «muy llevadero». Incluso ha releído los «Episodios Nacionales» y está escribiendo ahora sobre Benito Pérez Galdós, al que considera el segundo mejor escritor español, después de Cervantes, y en el que admira la fructífera fusión entre política y literatura.

«Pues ya dijo Heiner Müller que la relación entre la política y la literatura es un tanto delicada», le retó su interlocutor en la Filharmonie de Berlín, nada menos que el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, que había aceptado la invitación a un diálogo con el Nobel y que citaba al dramaturgo alemán para recordar que «la política es el arte de lo posible mientras que la literatura tiene algo más que ver con lo imposible». Steinmeier, tan inquieto como valiente y honesto en sus planteamientos, le robó su papel al moderador, Jörg Tadeuz, para preguntar a Vargas Llosa si la política le ha ayudado a hacer una mejor literatura. «No lo sé», respondió el escritor, «pero es indispensable para un buen escritor, aunque la deteste, porque no se puede hacer buena literatura si se prescinde de la política».

La gestión de la pandemia

La conversación viró enseguida hacia la gestión de la pandemia, sobre si las dictaduras han mostrado más capacidad de reacción que las democracias. «Lo que ocurre es que en las democracias hay verdades y mentiras, pero en las dictaduras solo hay mentiras», mordió el Nobel. «Sobre lo que realmente ha pasado en las dictaduras hay un gran interrogante, sabemos poco o nada», y puso como ejemplo a China. Steinmeier, más prudente, evitó relacionar el número de muertos con los sistemas políticos, pero insistió en que los mecanismos democráticos permiten mejor acercarse a las soluciones de los problemas. «Confianza en las autoridades no significa no criticar lo que hacen; al contrario, esa confianza lleva a una crítica fundada, a un debate transparente y abierto que hace más eficientes las decisiones».

El presidente alemán invitó además a salir del eurocentrismo y adentrarse en la forma en la que han vivido la pandemia países de otros rincones del mundo. «Hace poco hablé con el presidente de Kenia y me interesé por cómo están viviendo allí la crisis sanitaria. Me dijo que entendía lo mal que lo estábamos pasando en Europa, pero que él tenía como prioridad el Ébola en el noroeste de su país, la malaria muy extendida y sin vacunas disponibles, el SIDA fuera de control y solo en cuarto lugar le preocupaba el coronavirus». A lo que Vargas Llosa añadió que «esta pandemia ha afectado mucho más a los más pobres. La clase media ha podido quedarse en casa, pero por ejemplo en países como Perú, donde mucha gente vive al día, o salían a vender o no comían, y han sido fundamentalmente pobres los que han muerto». Si recordamos que en España, en los peores meses, los que morían eran sobre todo ancianos, surge una insultante identificación de los ancianos como los más pobres de nuestra sociedad, otra herida más en la conciencia.

La literatura y el Covid-19

Vargas Llosa destacó el papel de la literatura como germen de conciencia crítica y de imprescindibles debates. «La literatura crea ciudadanos que son mucho más difíciles de manipular, díscolos, inconformes, que siempre tienden a criticar, que están buscando siempre aquello que anda mal», dijo. «Pronto leeremos novelas que nos ayuden a procesar este trauma colectivo, que recojan las consecuencias psicosociales de la pandemia, que nos hable de las familias estresadas con los niños en casa, que se pregunte qué ha pasado con una sociedad que perdió su espacio público. Porque las restricciones no saldrán gratis, el aislamiento tiene un precio, la reducción de contactos tiene un precio… Una literatura que nos compense de la pérdida», creyó adivinar Steinmeier. «Yo creo que esto todavía tardará», rebatió el escritor. «Tendrá que pasar tiempo de reflexión y de masticar lo vivido antes de que el coronavirus se convierta en materia prima de buena literatura. Lo primero que aparezca será seguramente superficial y frívolo».

Ambos coincidieron, eso sí, en que la pandemia ha cambiado la percepción de nosotros mismos. «Creo que éramos demasiado arrogantes. Teníamos la sensación de que habíamos controlado la naturaleza y que estaba a nuestro servicio, que ya no guardaba secretos ni amenazas y nos hemos llevado una gran sorpresa», dijo Vargas LLosa. «Ahora sabemos que no es así», añadió el presidente alemán, «que se necesitan más inversiones en investigación en ciencia y mejores sistemas sanitarios». Y llamó a extraer lecciones y a disfrutar de la poca normalidad que podamos ir recuperando.

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