Vida y obra de Vasily Kandinsky en el Museo Guggenheim

El <strong>Museo Guggenheim de Bilbao</strong> inaugura este viernes una exposición dedicada a la evolución artística de <strong>Vasily Kandinsky </strong>(Moscú, 1846 – París, 194

El Museo Guggenheim de Bilbao inaugura este viernes una exposición dedicada a la evolución artística de Vasily Kandinsky (Moscú, 1846 – París, 1944), pionero de la abstracción y uno de los artistas más innovadores del siglo XX.

A través de 62 obras, de las 152 que componen la colección del artista propiedad de la Fundación Solomon Guggenheim de Nueva York, la muestra traza un recorrido paralelo entre la trayectoria creativa y la vital del artista, al situar las obras expuestas en cuatro secciones geográficas: Munich, Moscú, de nuevo Alemania (Desau) y París, lugares donde residió.

Abierta hasta el 23 de mayo de 2021, la exposición cuenta con el patrocinio de Fundación BBVA y ha sido comisariada por Megan Fontanella, curator de Arte Moderno y Procedencia de la fundación Solomon Guggenheim.

Durante su presentación en el atrio del museo, el director del Guggenheim Bilbao, Juan Ignacio Vidarte, ha destacado que el recorrido por la vida y la obra de este precursor y renovador de la pintura «refleja muy bien la Historia europea durante la primera mitad del siglo XX».

La curadora Lekha Hileman Waitoller, frente un cuadro de Vasily Kandinsky.
La curadora Lekha Hileman Waitoller, frente un cuadro de Vasily Kandinsky.VINCENT WESTREUTERS

En su opinión, su evolución artística y su biografía están acompasados a los hechos históricos, desde su primera salida de Alemania durante la Primera Guerra Mundial; después de Rusia con el ascenso de Stalin; de nuevo, de Alemania tras el auge del nazismo, para recalar finalmente en París, cuna de las vanguardias artísticas.

Vidarte ha destacado que esta exposición es «muy importante para el museo bilbaíno porque Kandinsky fue un precursor de la idea del arte como eje transformador, algo que lo vincula a este museo, que también nació con esa vocación».

Kandinsky, reconocido teórico de la estética, se marcó en su obra como objetivo «liberar a la pintura de sus vínculos con el mundo natural», para lo que emprende una cruzada contra los valores estéticos convencionales y le llevó a descubrir una temática nueva basada exclusivamente en la «necesidad interior» del artista, en su anhelo de un futuro más espiritual a través del poder transformador del arte.

De esta forma, a medida que sus contornos caligráficos y formas rítmicas revelan cada vez menos rastro de sus orígenes figurativos en sus etapas artísticas iniciales, Kandinsky comienza a desarrollar la abstracción y a formular lo que denomina «el oculto poder de la paleta».

Para Kandinsky incluso las formas más abstractas poseen contenido «expresivo y emocional», donde el triángulo encarna acción y agresividad; el cuadrado significa paz y calma; y el círculo, el reino de lo espiritual y lo cósmico.

La muestra repasa desde sus inicios durante la década de 1900 y comienzos de la de 1910, mientras se encontraba en Múnich, y donde empieza a explorar las posibilidades expresivas del color y la composición.

En ese sentido, y tal y como ha explicado la curator del Guggenheim Bilbao que ha sustituido a Fontanella en la presentación, Lekha Hileman Waitoller, a Kandinsky «le interesaba la idea del color y cómo puede producir o reflejar sentimientos».

Waitoller ha señalado que Kandinsky «sin duda marcó un camino a todos aquellos que trataron de pintar de otra manera, sin vínculos con este mundo sino con el mundo de lo espiritual». Kandinsky pensó que el artista podía aportar algo de su espíritu y que eso podía salir y estar presente en sus obras como algo personal, y es por eso que sigue siendo un siglo después, alguien tan importante en la evolución de la pintura».

Hacia 1913 ya quedan sometidos a la línea y el color los temas recurrentes en su obra, como el caballo y el jinete, las colinas onduladas, las torres y los árboles. A medida que sus contornos caligráficos y formas rítmicas revelan cada vez menos rastro de sus orígenes figurativos, Kandinsky comienza a desarrollar la abstracción y a formular lo que denomina «el oculto poder de la paleta».

El industrial y fundador del Museo que ostenta su nombre, Solomon R. Guggenheim, empezó a coleccionar el trabajo de Kandinsky en 1929, y su entusiasmo por el arte moderno le lleva a inaugurar en Nueva York en 1939 el Museo de pintura no objetiva (Museum of Non-Objective Painting), precursor del Museo Solomon R. Guggenheim. Hoy en día, la Fundación Guggenheim posee más de 150 piezas del artista.

En su último período, Kandinsky sintetiza elementos anteriores de su carrera, de su paso por la Bauhaus y de la práctica de sus coetáneos. Trabaja en formatos de gran escala y emplea fondos oscuros reminiscentes de sus lienzos expresionistas y de sus obras sobre leyendas rusas. También incorpora motivos que aluden a los surrealistas que siguen en activo en París, donde residió sus últimos 11 años de vista y pese a su resistencia a asociarse con este movimiento.

A mediados de 1942, las penurias de la guerra llevan al artista a realizar pequeñas obras sobre tabla, muy alejadas de los grandes lienzos de su anterior trabajo en París. Sin embargo, Kandinsky continúa creando composiciones imaginativas que reflejan cada vez en mayor medida su interés por las ciencias, extrayendo inspiración de revistas y enciclopedias que incluyen ilustraciones relacionadas con la biología.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las autoridades alemanas confiscan la obra de Kandinsky y la de otros pintores modernos, declarándola como «arte degenerado». Los estalinistas de la Unión Soviética clausuran museos y envían las pinturas de Kandinsky a los almacenes. El artista falleció en 1944 a la edad de 78 años, dejando tras de sí una prolífica obra.


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