Vuelve 'New York', el disco que sacó de la tumba a Lou Reed

Estaba en forma gracias al tai chi, lucía pelazo, trabajaba duro en sus canciones y hasta sonreía en las fotos. <strong>A finales de los años…

Estaba en forma gracias al tai chi, lucía pelazo, trabajaba duro en sus canciones y hasta sonreía en las fotos. A finales de los años 80, Lou Reed estaba formidable. Una hazaña para aquel cartucho de dinamita que una década antes sacaba la jeringuilla en los conciertos y se inyectaba en el centro del escenario, se fotografiaba con pistolas y espolvoreaba sus canciones con heroína, metanfetamina y alcohol como si aquello fuera el colmo del glamur, canciones con personajes tan espeluznantes y d

ecadentes como su mirada lasciva enmarcada en
eyeliner
negro. Durante los 70, los años del gran desfase del rock, casi nadie exhibió una capacidad autodestructiva como Lou Reed. Seguro que en 1989 muchos pensaban que Lou Reed ya había muerto, y muchos más creían que era un cadáver a nivel artístico, que ya no tenía nada nuevo que decir. Y entonces. «Su leyenda estaba asegurada, pero su reputación profesional estaba rota.
New York
le devolvió a la vida después haber estado medio muerto
«, dice Mick Wall. «Ese disco recuperó su reputación totalmente y le colocó en el centro de la escena del rock, y alcanzó un éxito con repercusiones tan inesperadas como acabar siendo profesor y leer sus letras en un atril», comenta Victor Bockris. «
New York
es uno de sus mejores discos y de los más importantes que hizo en solitario. Tiene enfoque y es ambicioso, y alcanzó exactamente el impacto que Reed perseguía», explica Anthony de Curtis. Así que aquel yonqui de cloaca se convirtió en doctor en poesía urbana.
De escombro del viejo rock a leyenda indestructible
. De todas las mutaciones de un artista tan cambiante como él, cuya carrera se extendió a lo largo de cinco décadas electrizantes, aquella fue una de las más importantes, como nos recuerda ahora la reedición de aquel disco trascendental. Wall: «
New York
es su mejor disco en solitario desde
Transformer
(1972) y
Berlin
(1973)». Bockris: «Fue
un punto de inflexión clave
en su carrera. Él decía que sus álbumes eran los capítulos de su gran novela eléctrica. La mejor manera de ver el trabajo de Lou es alinear sus álbumes en orden cronológico y ver qué historia cuentan. Cuando lo haces te das cuenta de la enorme importancia del capítulo llamado
New York
«. De Curtis: «Lo concibió como una colección de historias y al mismo tiempo le sirvió para ampliar su perspectiva social y política. Creía que el fuerte enfoque del álbum era en parte el resultado de no consumir drogas ni alcohol». Estos
tres veteranos periodistas
que hablan con EL MUNDO son autores de excelentes biografías del músico neoyorquino publicadas en castellano. Mick Wall escribió
Lou Reed: su vida
(Alianza); Victor Bockris es autor de
Las transformaciones de Lou Reed
(Celeste) y también de
Up-tight. La historia de la Velvet Underground
(Libros Crudos), mientras que Anthony de Curtis firmó
Lou Reed: una vida
(Cúpula).
Todos coinciden en destacar la importancia de este
disco con aroma a clásico
, con sus guitarras entrelazadas de espíritu jazzístico, la base rítmica contundente y sin adornos y la voz en primer plano recitando historias y más historias. Un disco interminable, este
New York
. «La muerte de
Andy Warhol
en 1987 había sacado de su órbita a Lou. De hecho, fue en el almuerzo de su funeral cuando Julian Schnabel les sugirió a John Cale y a él que colaboraran en una pieza sobre Andy», explica Bockris. Cale y Reed habían mantenido una intensa relación creativa en los inicios de la
Velvet Underground
, el grupo apadrinado por Warhol, pero su separación en 1968 había sido radical y llevaban dos décadas evitándose. «En 1987 Lou ya estaba trabajando en las canciones de
New York
, de modo que durante los años siguientes fue entrando y saliendo de él y de
Songs for Drella
«, señala en referencia al disco de homenaje a Warhol que Reed y Cale publicaron en 1990: un disco como un sortilegio y la confirmación rotunda de la regeneración artística de Reed. «La clave de
New York
es el espíritu de Andy Warhol y el tema de la muerte», continúa Bockris. «Ser neoyorquino significa tener un amor feroz por Nueva York y no sentirse tan vivo en ningún otro lugar. Escuchando el disco puedo imaginarme a Lou en uno de sus paseos nocturnos por la ciudad contándole a Andy lo que estaba pasando en su ciudad. Porque Andy nunca nos dejó. Y
Lou Reed posee el espíritu de Nueva York
. El romance, el misterio, el color del cielo. Las hermosas voces en el aire». «Era
el Lou de siempre soltando mierda sin tomar prisioneros
«, dice Wall. «Nombra a docenas de personas reales, algo que él siempre hacía, pero a diferencia de las historias de canciones como
Walk On The Wild Side
, en
New York
también encontramos personajes muy conocidos, y eso los hace aún más inquietantes. La Virgen María, Rudy Giuliani, la Asociación del Rifle, la ‘Estatua de la intolerancia’, Buda, Mike Tyson, Donald Trump, Louis Farrakhan…». «El otro elemento que hace destacar a
New York
es el
sonido, brutal y refinado a la vez
«, continúa Wall. «Este era el sonido callejero de Nueva York a finales de los 80, un lugar que Lou Reed conocía como pocos. El grupo es salvaje, tocando de un modo hermoso y sutil, y al momento crudo y desatado». La
reedición
que ha salido este otoño contiene tres discos y un vídeo: el álbum remasterizado, un conjunto de interpretaciones en directo de aquella gira, un CD de maquetas y ensayos y un concierto en DVD con las 14 canciones tocadas en el mismo orden del disco original. Todo ese material nos recuerda la importancia que tuvieron los músicos de aquel disco, que formaron el grupo de Lou Reed durante muchos años: el guitarrista Mike Rathke, el bajista Rob Wasserman y el batería y coproductor Fred Maher. «
El grupo se convirtió en su familia
y el hecho de que su
manager
fuera Sylvia Morales [su mujer en aquellos años] no hizo más que solidificar ese núcleo». De hecho, fueron los músicos que más tiempo acompañaron al neoyorquino en su carrera.
«Esta reedición nunca se habría publicado si Reed todavía estuviera vivo»
, dice tajante Anthony de Curtis. «Con razón o sin ella, él odiaba la idea de que el público escuchara las tomas descartadas, maquetas y otras supuestas
rarezas
. Además,
New York
es el último álbum al que le hubiera gustado dar ese tratamiento: lo había concebido y construido tan cuidadosamente que en directo lo tocaba en orden». Lo mismo opina Mick Wall. «Todo ese material inédito jamás habría salido a la luz si Lou estuviera vivo. Las reediciones son en general estrategias de las discográficas para cobrar una fortuna por algo que no les ha costado nada», opina. «Lo único bueno de esta reedición es que la gente vuelve a hablar de él y de
New York
«, sentencia. Efectivamente, volvemos a hablar del sucio bulevar y del desfile de Halloween, de Romeo y Julieta y de la gran ballena blanca americana. Canciones de rock fibroso y gran potencia lírica que apagaron definitivamente el fuego del nihilismo que casi había consumido a Lou Reed. Antes de
New York
su carrera estaba enterrada, hoy sabemos que
aquel fue un nuevo y brillante inicio
, que le sirvió para continuar hasta 2013, cuando murió a los 71 años mientras practicaba tai chi.

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