Xavier Cugat …¡Maaambo!, sexo y chihuahuas

Auténtico visionario, supo introducir los sonidos tropicales en EE.UU. Difusor de melodías de la rumba o el tango, se hizo de oro gracias a su fino olfato para los negocios, su don de gentes y su innato talento artístico.

Protagonista de una trepidante vida amorosa, sus cinco esposas darían fe de ello. El bueno de ‘Cugui’, declararía: ‘Para mí, las mujeres fueron un negocio. Pero siempre me llevé bien con todas, y mejor con sus madres”.

Foto: Metro-Goldwyn-Mayer Carmen Miranda, Xavier Cugat, Jane Powell y Elizabeth Taylor en un fotograma de A Date with Judy (1948)
Foto: Metro-Goldwyn-Mayer Carmen Miranda, Xavier Cugat, Jane Powell y Elizabeth Taylor en un fotograma de A Date with Judy (1948)

Sea como fuere, aquel niño había venido al mundo con un pan debajo del brazo, en su caso un violín.

El pequeño Xavier nace el 1 de enero de 1900, estrenando año y siglo. La gerundense Plaça de L’Oli es testigo de su llegada al mundo. El activismo político de su padre, republicano de pro, obligará a los Cugat, cuatro años después, a emigrar a las Américas y así, a bordo del María Cristina, abandonan el puerto de Barcelona con destino a La Habana. Allí el pequeño Xavier se encuentra en su salsa (futuro mambo, of course ). El día de Reyes de 1906, recibe su primer violín y poco después ingresa en el Conservatorio Peyrellade. Mientras, de la mano de un luthier valenciano, en cuyo taller pasa las horas extasiado, entra en contacto con los instrumentos de cuerda.

A los ocho años empieza a tocar en los cafés a cambio de unos pesos y ameniza las proyecciones de los filmes mudos que llegan a Cuba. A los once años debuta en la Orquesta Sinfónica del Teatro Nacional de la Habana, donde conoce a Enrico Caruso. Animado por el eximio cantante, que le invita a visitarle en Nueva York, Xavier parte hacia la Gran Manzana sin saber ni una palabra de inglés y también sin un centavo. 

Cuando llega, Caruso está de viaje, así que el onceañero músico en ciernes se ve obligado a alimentarse de mendrugos y dormir en el Central Park, utilizando el estuche de violín como almohada. Pero como ya hemos señalado, Xavier tiene la suerte de su lado y pronto traba contacto con un paisano, el pianista y compositor Agustí Borgunyó i Garriga, con el que forma un dueto. Juntos actúan en un restaurante a cambio de dos comidas y la voluntad. En aquel enclave visitado por artistas españoles de renombre -era la época dorada de nuestros artistas en el Metropolitan House- empieza a ampliar su agenda de contactos. A los 18 años, contrae matrimonio en La Habana con Rita Montaner, una popular mulata pianista y artista de revista, hija de padre catalán, la primera de sus cinco esposas. Juntos viajan y actúan por el Viejo Continente.

Poco después conoce a Eduardo Cansino, un sevillano que baila junto a su hija Margarita, de 17, norteamericana de madre irlandesa. Margarita Cansino no es una gran bailarina ni tampoco destaca por su voz, pero Xavier ve en ella madera de estrella. Le cambia el nombre y el apellido, convirtiéndola en Rita Hayworth y fichándola como bailarina de su orquesta.

Rita Hayworth junto a Xavier Cugat
Rita Hayworth junto a Xavier Cugat

Al poco tiempo, Xavier es fichado por Los Ángeles Times como caricaturista de famosos. Entre ellos destaca Rodolfo Valentino. Su colaboración con él le abre definitivamente las puertas de Hollywood. El célebre actor le incluye tocando el violín en una escena de Los cuatro jinetes del Apocalipsis para ambientar un tango que baila en el film.

Por aquelentonces Xavier ha tomado una determinación que formulará en el futuro con estas palabras: ‘Prefiero tocar Chiquita Banana y tener piscina, que interpretar a Bach y morirme de hambre’. Y lo consiguió: suya sería, entre muchos otros éxitos, la primera grabación de Begin the beguine, escrita por su amigo Cole Porter.

El séptimo arte tampoco se le resiste, y así con su primer contrato al frente de la orquesta del cabaret Ambassador, ‘Cugui ‘se hace un hueco en el cine y debuta apadrinado por Chaplin, asiduo del cabaret.Su dilatada trayectoria cinematográfica incluirá una veintena de películas, entre las que destaca la exitosa Escuela de sirenas (1944)

Escuela de Sirenas  dirigida por George Sidney en 1944,1​ protagonizada por Esther Williams
Escuela de Sirenas dirigida por George Sidney en 1944,1​ protagonizada por Esther Williams

En 1928 se casa con Carmen Castillo, y cuatro años después, corre 1932, debuta con su orquesta en el Waldorf Astoria de Nueva York, donde permanecerá por espacio de quince años. Al tiempo, una e misora de radio ofrece tres horas de baile con la ya llamada ‘Orquesta de Xavier Cugat’.

Su retahíla de matrimonios no ha hecho más que empezar: en 1937 se casa con la modelo Lorraine Allen. Su relación dura tres años. En 1950, con Abbe Lane, a la que eleva al rango de solista de su orquesta. Quince años después, hace un último intento con la murciana Charo Baeza, su quinta esposa. Corre 1966: ella cuenta 25 años, él 65.

Xavier Cugat junto a su quinta esposa, la bailarina Charo Baeza, con la que contrajo matrimonio el 7 de agosto de 1966, posan en compañía de su perro 'Chiquitín' en el hotel Castellana Hilton de Madrid ' el 12 de agosto de 1966
Xavier Cugat junto a su quinta esposa, la bailarina Charo Baeza, con la que contrajo matrimonio el 7 de agosto de 1966, posan en compañía de su perro ‘Chiquitín’ en el hotel Castellana Hilton de Madrid ‘ el 12 de agosto de 1966

En su orquesta actúan artistas de la talla de Bing Crosby, Frank Sinatra, Jorge Negrete, Dean Martin, Jerry Lee Lewis y Woody Allen entre otros.

Hombre de negocios, se dice que algo tacaño, alterna su carrera artística con la cría de chihuahuas (impenitentes compañeros de conciertos junto a su batuta), con la fabricación de chocolate y hasta con el patrocinio de un crecepelo. El bueno de ‘Cugui’, apelando a sus raíces, se atreve incluso a vender vino español barato en Estados Unidos e interviene incluso en un proyecto de casino en Ibiza.

En la década de 1980, Cugat decide volver a su tierra natal, Catalunya, concretamente a Barcelona, donde se hospeda hasta su muerte en el hotel Ritz. El 27 de octubre de 1990, el corazón del artista, agotado tras 90 años de trepidante vida a golpe de mambo, deja de obedecer a su batuta.

‘Cugui’ descansa en el cementerio de Girona, la ciudad que le vio nacer. La lápida que cubre su hipogeo reza: ‘Xavier Cugat i Mingall, catalá universal, Cugat que vivió’.

Xavier Cugat,  realizando su autorretrato
Xavier Cugat, realizando su autorretrato

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