¿Y si Jesús se hubiera casado con la hermana de Judas?

Sue Monk Kidd, autora del bestseller ‘La vida secreta de las abejas’, publica una controvertida novela protagonizada por el personaje ficticio de Ana, esposa de…

Corría 1988 y el escándalo del año no fue que Luis Cobos liderara la lista de álbumes más vendidos o que Ben Johnson se llevara el oro en Seúl dopado hasta las cejas, sino el estreno de La última tentación de Cristo. La magistral adaptación de Scorsese de la novela de Nikos Kazantzakis llenó la puerta de los cines de piquetes de integristas ultracatólicos en son de guerra porque la película representaba a un Jesús demasiado humano. Tanto, que estaba casado con María Magdalena. Scorsese llegó a recibir amenazas de muerte y «afectuosas» palabras de colegas como Franco Zefirelli: «quisiera ver quemada la película de Scorsese, y a lo mejor a él también».

Poco después, en 1991, José Saramago escribió El evangelio según Jesucristo, novela en la que también se mostraba esa faceta íntima contraria a la doctrina católica, aunque la sangre no llegó al río. La publicación en 2003 de El Código Da Vinci, por contra, sí levantó una enorme polvareda mediática, y no por la nula calidad literaria del mamotreto de Dan Brown, sino por especular con ese mismo matrimonio y una supuesta descendencia de Jesús que llegaría hasta nuestros días. Al Vaticano no le hizo ninguna gracia todo aquello, como en su día con el musical Jesucristo Superstar.

Una década más tarde, Karen King, una de las más renombradas estudiosas de la religión en EEUU, presentó en Roma un antiguo fragmento de papiro escrito en copto que contenía la frase: «Jesús les dijo: ‘Mi esposa…’». Una investigación posterior de la revista The Atlantic destapó que el llamado Evangelio de la esposa de Jesús había sido «descubierto» por un hombre que dirigía páginas web pornográficas con ayuda de su mujer, una médium que aseguraba poder comunicarse con los ángeles. Una falsificación en toda regla, como reconoció la propia King.

Pero eso que contenía el papiro, la posibilidad de que Jesús se hubiera casado, fue el punto de partida de El libro de los anhelos de Sue Monk Kidd (Sylvester, Georgia, 1948), que ahora publica en España Ediciones B. «La idea me electrizó», explica por teléfono desde su casa en Carolina del Norte la autora del bestseller mundial La vida secreta de las abejas. «Me hice una imagen mental muy clara de esa mujer y quise contar su historia. Desde el principio me plantee que, si Jesús realmente tuvo una esposa, ella habría sido la mujer más silenciada de la historia. Mi pretensión era únicamente darle una voz».

Así nació el personaje de Ana, hija del escriba mayor de Herodes, hermana de Judas y rebelde con causa: preservar en secreto con su escritura las historias de otras mujeres silenciadas, desde Eva hasta Jezabel. Para que la ficción histórica cobrara vida, Kidd tuvo que dedicar 14 intensos meses a investigar antes poner la primera palabra del libro. «Intentar escribir sobre esto era casi como aterrizar en Marte. Quería desesperadamente que este mundo sobre el que quería escribir fuera auténtico, detallado y lleno de verdad».

Para ello tuvo que imaginar ese período denominado «los años desconocidos de Jesús», que van desde que tenía 12 hasta los 30, y del que no hay ni rastro tanto en escritos religiosos como profanos. Así, en esta intersección entre la ficción y los hechos históricos («un delicado baile entre ambos»), surgió la oportunidad de plantear una hipótesis que, según Kidd, habría tenido una influencia decisiva en la Historia de la Humanidad de haberlo recogido las Sagradas Escrituras. Las mismas en las que sólo el cinco por ciento de todas las citas y diálogos son pronunciados por mujeres y en el que la mayoría de ellas ni siquiera merece tener nombre.

Ahí es donde radica el principal interés de la novela, en ese gigantesco «¿y si…?», que casi lo convierte en una ucronía de la era del MeToo.

Si en la Biblia se hubiera hablado con normalidad de las mujeres el celibato habría saltado por la ventana

Sue Monk Kidd

«El impacto de la cristiandad y la Iglesia Católica en la Historia es muy profundo, omnipresente». dice la escritora. Si en la Biblia se hablara con normalidad de las mujeres de Jesús, «no creo que hubiera habido problemas para que las mujeres fueran ordenadas sacerdotes, el celibato también habría saltado por la ventana». Y añade Kidd: «Creo que habría enormes diferencias respecto a la igualdad de género. Al menos merece la pena imaginarlo porque el valor de la ficción histórica es ayudarnos a ver el presente de manera más clara».

Sorprendentemente (o no), este nuevo acercamiento a lo que muchos siguen considerando una intolerable blasfemia no ha provocado mayores protestas que alguna que otra crítica furibunda y publicaciones incendiarias en redes sociales. Nada de quemas de libros ni de amenazas de muerte, al menos de momento. «Sé que hay gente de fe muy conservadora que encuentra el simple planteamiento como algo tremendamente ofensivo», advierte Kidd pese a todo. «Pero deben saber que es una reinterpretación ficticia de la Historia y tiene una razón detrás, ayudarnos a encontrar las voces de las mujeres en los tiempos del Nuevo Testamento. Lo que pretendo es que esta novela nos ayude a verlas, a escucharlas, e imaginar lo distinto que sería el mundo si hubiéramos conocido sus historias».

De hecho, existe un evidente paralelismo entre la autora y su personaje, ya que ambas comparten vocación. «En la novela hay un cuenco de ensalmos que su tía le regala y que se convierte en un símbolo a lo largo del libro. En ese cuenco, Ana escribe su anhelo más profundo, que esencialmente es no temer a la pasión por escribir, al potencial que hay dentro de ella. Es algo que yo también me dije a mí misma y creo que está presente en todas las mujeres».

Porque, como dice Ana en un momento clave del libro, «que te ignoren, que te olviden, esa es la peor tristeza de todas».


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